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Capítulo 190:
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Yelena le dedicó una sonrisa tranquila y pasó al segundo corte.
Sus manos se movían con precisión y soltura, como si estuviera en su elemento.
Y entonces… la multitud contuvo el aliento, boquiabierta. «Espera, ¿qué es eso? ¡Dios mío! ¡Mirad ese color tan intenso!».
Todas las miradas se fijaron en la piedra en bruto y otro grito de asombro resonó entre la multitud. Lo que tenían ante ellos era nada menos que una esmeralda de primera calidad.
El impresionante tono verde brillaba bajo la luz del sol, irradiando un brillo extraordinario.
El verde era tan puro y deslumbrante que parecía brillar con una intensidad casi mágica.
La gente no podía apartar la mirada de la piedra, hipnotizada por su cautivador resplandor.
Una gema de tal calidad era realmente algo excepcional, como sacada de un sueño.
El dueño de la tienda estaba prácticamente rebosante de emoción, incapaz de contener su admiración por Yelena. «Llevo años en este negocio y nunca había visto una esmeralda de este calibre. ¿Quién hubiera imaginado que una piedra tan pequeña y de aspecto tan corriente pudiera contener algo tan extraordinario? ¡Jovencita, tiene usted un ojo para las gemas realmente extraordinario!».
No podía dejar de elogiar a Yelena, con la voz llena de admiración. Sus palabras fueron recibidas con murmullos de admiración por parte de la multitud, cada persona impresionada por la innegable belleza de la piedra.
Un espectador carraspeó y habló, con voz suave pero ansiosa. «Jovencita, le ofrezco dos millones. ¿Qué me dice? ¿Se la vende?».
Yelena negó con la cabeza, con una expresión tranquila pero firme en el rostro. «No la vendo».
Dicho esto, volvió a centrar su atención en la piedra y, con meticulosidad, fue cortando la capa exterior restante, sin perder la concentración.
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Al poco tiempo, tenía en sus manos una esmeralda grande e impecable. Su pureza y su vibrante color verde parecían brillar con un resplandor casi sobrenatural, cautivando a todos los que la miraban.
El rostro de Roger se ensombreció y su confianza se desvaneció rápidamente. No esperaba que Yelena diera un golpe tan grande.
Yelena era realmente afortunada, su suerte brillaba de una manera que ninguno de ellos podría haber previsto.
Observó a Yelena, con la frustración aumentando por segundos, claramente visible en su rostro.
La expresión de Sonya no era mucho mejor, su frustración se reflejaba en la tensión de su mandíbula y la frialdad de sus ojos.
Yelena esbozó una leve sonrisa, con los ojos brillantes de tranquila confianza mientras se acercaba a Roger. —¿Estás listo para aceptar tu derrota?
—Tú… —tartamudeó Roger, abriendo y cerrando la boca mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas.
—Hay muchos testigos aquí —se burló Yelena, ampliando su sonrisa—. Seguro que no vas a echarte atrás en una apuesta, ¿verdad?
Roger, sin embargo, era demasiado terco para admitir la derrota. Apretó los puños, negándose a arrodillarse, con el orgullo haciéndole perder el control.
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