✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 182:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Cuando entró, el mercado ya estaba lleno de energía.
Mientras caminaba por el mercado, Yelena examinaba los puestos con atención, con mirada aguda y calculadora. Sin embargo, nada le llamaba la atención, ni joyas ocultas ni tesoros olvidados.
Muchos de los artículos eran mediocres y algunos vendedores vendían claramente falsificaciones, aprovechándose de los novatos ingenuos que esperaban encontrar un tesoro.
Recorrer el mercado clandestino sin un ojo avizor era una receta para el desastre. Era un lugar donde el engaño acechaba a plena vista.
Entonces, su mirada se posó en una pequeña tienda apartada del bullicio principal, donde una modesta piedra negra llamó su atención.
A primera vista, no tenía nada de especial, era pequeña y completamente negra, pero había algo en ella que la atraía.
Se acercó, intrigada, cuando una voz demasiado familiar cortó el aire. —¿Yelena? ¿Estoy viendo cosas? ¿Qué haces aquí?
Yelena suspiró, reconociendo la voz antes de darse la vuelta.
Efectivamente, era Sonya, de pie a pocos pasos de distancia con una expresión de satisfacción.
Yelena ya se arrepentía de haber salido de casa. ¿De todos los días, precisamente hoy?
Para Yelena, Sonya no era solo una persona, era la encarnación andante de los problemas, y los problemas siempre encontraban la manera de encontrarla.
—¿Este lugar es tuyo? ¿O estoy rompiendo alguna regla secreta al estar aquí? —replicó Yelena, con tono sarcástico—. O tal vez eres ciega y no ves lo que estoy haciendo.
El rostro de Sonya se torció en una mueca de irritación y su voz se elevó indignada. —¿Qué estás diciendo? ¡Yo debería ser la que se quejara! ¿Por qué sigo encontrándome contigo en todas partes? Eres como una sombra molesta de la que no puedo deshacerme.
Disponible ya en ɴσνє𝓁α𝓼4ƒα𝓷.𝓬𝓸𝓂 con nuevas entregas
Yelena arqueó una ceja ante lo absurdo de la acusación. ¿Ella? ¿Una sombra? Estaba perfectamente bien allí hasta que Sonya irrumpió en la habitación.
Su mirada se posó en el hombre que estaba junto a Sonya. Era Roger, con mal aspecto. Sus ojeras y su tez pálida delataban noches de insomnio y excesos. Su aspecto desaliñado no tenía nada de su habitual bravuconería, pero su expresión lasciva seguía presente.
Los labios de Yelena esbozaron una sutil mueca de desprecio. Fantástico. Los dos juntos. Hoy parecía que los problemas la seguían como un imán.
Yelena puso los ojos en blanco e ignoró a Sonya, concentrándose intensamente en la piedra en bruto que acababa de llamar su atención.
Estaba de buen humor, pero el ambiente se había agriado. Las miradas hostiles y las burlas le ponían de los nervios, aunque se negaba a demostrarlo.
Roger, que estaba cerca, no podía apartar los ojos de Yelena. Había algo en ella —la imperturbable frialdad de su actitud, la tranquila confianza— que hacía que su mirada se detuviera en ella. Despertaba algo primitivo en él, un retorcido deseo de afirmar su dominio, y sus ojos ardían con una intensidad posesiva.
Yelena captó la mirada y frunció el ceño con disgusto.
El hombre parecía completamente demacrado, pero aún así tenía la audacia de mirarla con lascivia. Era repugnante. Si no hubiera sido por la multitud, le habría dado una lección que nunca habría olvidado.
Agachada sobre la piedra en bruto, la mirada fija de Yelena solo parecía avivar la ira de Sonya. Los labios de Sonya se curvaron en una mueca de desprecio mientras escupía: «¿Sabes siquiera dónde estás? Cada piedra de este lugar vale más de lo que podrías soñar. No creerás que son gratis, ¿verdad?».
Sonya no podía soportar la calma y la serenidad que irradiaba Yelena, como si ese lugar fuera el suyo.
.
.
.