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Capítulo 180:
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Jonathan soltó un profundo suspiro. «No tengo otra opción. Tengo que encontrar a Yelena y pedirle ayuda».
Tatiana dudó, pero finalmente asintió con la cabeza, mostrando claramente su renuencia. «Está bien», dijo, aunque su tono distaba mucho de ser entusiasta.
En ese momento, el sonido de unos tacones sobre el suelo de mármol anunció el regreso de Sonya.
Entró en la habitación con un atuendo llamativo y extravagante, y un maquillaje impactante. Estaba claro que venía de algún tipo de actuación, ya que su comportamiento denotaba gran excitación.
Jonathan, que ya estaba de mal humor, frunció el ceño en cuanto la vio. «¿Dónde has estado esta vez?», le espetó. «Nunca estás en casa, siempre andas por ahí vestida así. No es propio de una joven. ¿Y si te ve la gente? Ten un poco de decoro y compórtate como una señorita». La reprimenda fue dura y apagó la luz de los ojos de Sonya. Sus hombros se encogieron y las lágrimas brotaron, amenazando con derramarse.
—Papá, fui a una audición para un concurso de canciones originales. Escribí una y van a celebrar una competición nacional. Me inscribí y hasta me han preseleccionado. Estaba emocionada por volver a casa y contarte la buena noticia…
Su voz se quebró y, cuanto más hablaba, más herida parecía.
La expresión de Jonathan se suavizó y su tono se llenó de culpa. —Yo… no lo sabía. Lo siento, Sonya.
Tatiana, por su parte, sonrió con alegría exagerada. —Sonya, ¿te has apuntado a un concurso importante? ¿Y has pasado a la fase final? ¡Es increíble! ¡Vas a ser una estrella!
Sonya se sonrojó, sintiéndose halagada y avergonzada a la vez. —Mamá, no te adelantes. Solo he pasado a la fase final. Todavía tengo que grabar mi canción y aún no hay nada seguro.
«Tonterías», dijo Tatiana, con voz rebosante de orgullo. «Tienes talento y sé que llegarás lejos. No te preocupes, creo en ti».
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Ya estaba imaginando el ascenso a la fama de su hija, y pensar en la envidia de los demás la llenaba de euforia.
Sonya estaba extasiada. Su sueño de convertirse en una superestrella, adorada y admirada por innumerables fans, parecía más cercano que nunca.
Solo pensarlo la llenaba de alegría, y cuanto más imaginaba su futuro, más brillante se volvía su sonrisa. Esta vez estaba segura de que tendría éxito. Acababa de crear una obra maestra y, la primera vez que la cantó, supo que era especial. La melodía, la letra… todo encajaba a la perfección. Lo sentía en lo más profundo de su ser: era su pasaporte al estrellato.
¿Qué estudiante de música no sueña con la fama?
Esta era su oportunidad, su momento, y Sonya no iba a dejarla escapar.
Sus ojos brillaban con ambición mientras imaginaba el futuro.
Se convertiría en el orgullo de sus padres, una estrella adorada por millones, brillando en el escenario bajo luces deslumbrantes. El rugido de la multitud, los aplausos interminables… todo parecía tan cercano que casi podía saborearlo.
Jonathan, al ver a su hija irradiar tanto entusiasmo, no pudo evitar sentirse orgulloso.
Sin embargo, nada de esto le sorprendía realmente. Al fin y al cabo, era su hija. Era evidente que había heredado su empuje y su determinación. Verla tan concentrada y segura de sí misma le hacía sentir realizado.
De repente, se le ocurrió una idea. —Sonya, ¿has seguido en contacto con Roger? Deberías esforzarte por mantener el contacto con él. ¿Entendido?
Sonya asintió con un brillo travieso en los ojos. —Lo sé, papá. De hecho, me ha llamado hoy. Quiere que salga con él este fin de semana.
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