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Capítulo 1512:
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«¿Una tarjeta VIP, dice? Puede decir lo que quiera. Pero yo hice esta reserva. Si no me da una solución adecuada, presentaré una queja formal».
«Por favor, no se enfade, señorita Hoffman. Si lo desea, podemos pedirle a los clientes de arriba que nos muestren su tarjeta VIP para verificarla. ¿Le parece bien?».
Karin parpadeó. ¿De verdad la camarera le estaba ofreciendo mostrarle la tarjeta VIP de otra persona? Esa no era la cuestión. Lo que ella quería era el servicio que le habían prometido.
Para ella, toda esta conversación era completamente irrazonable.
En ese momento, la camarera subió apresuradamente las escaleras, justo cuando los huéspedes que estaban dentro se preparaban para marcharse.
Eran Yelena y Kenia.
Acababan de terminar de cenar y estaban saliendo cuando vieron a la camarera corriendo hacia ellas.
—Señorita Harris, hola…
La camarera le explicó rápidamente la situación y le pidió educadamente si podía tomar prestada la tarjeta VIP para mostrársela al huésped de abajo, prometiendo devolvérsela enseguida.
Yelena asintió con la cabeza.
Kenia, por su parte, se burló. «¿Qué clase de invitada es esa? Debe de creerse alguien especial si necesita ver una tarjeta VIP. Si fuera yo, ni me molestaría».
No tenía paciencia con la gente que no respetaba a los demás.
Les habían informado de la reserva con antelación y, para no causar molestias al personal, incluso habían decidido marcharse antes. ¿Qué más podía querer esa mujer?
«No pasa nada. Aquí tiene». Yelena le entregó la tarjeta VIP a la camarera con calma y elegancia.
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Kenia soltó una risa burlona. «Yelena, eres demasiado blanda. Yo nunca se la habría dado. Esa mujer me da mal rollo».
Yelena mantuvo la voz firme. —No pasa nada. No quiero complicarle las cosas a la camarera.
Solo estaba haciendo su trabajo, y tratar con clientes groseros ya era bastante estresante. El rechazo de Yelena solo haría que su turno fuera aún más miserable.
Kenia cruzó los brazos con un suspiro. —Vamos a ver qué es todo ese ruido.
El alboroto en la entrada era imposible de ignorar.
Karin, siempre alerta, se percató de que Yelena se acercaba. Su rostro cambió en un instante. —¿Yelena? ¿Eres tú?
Yelena la miró con fría indiferencia. —¿Ya terminaste con la tarjeta? ¿Podemos irnos?
La voz de Karin se volvió gélida. —Yelena, ¿dónde conseguiste una tarjeta VIP? ¿La conseguiste alardeando de tu título de señora Rivera?
Solo pensarlo le revolvió el estómago a Karin. Apretó los puños con fuerza. Esa vida, esos privilegios, deberían haber sido suyos. Y ahora, esa desvergonzada de Yelena le había quitado todo lo que era suyo.
«La familia Rivera se cree de la realeza, ¡qué risa!», se burló alguien desde un lado.
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