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Capítulo 1500:
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No esperaba que Yelena fuera tan astuta, tenderle una trampa solo para hacerla decir exactamente lo que quería.
Tuviera Austin otras mujeres o no, él sabía lo que hacía.
Solo había dicho todo eso para provocar a Yelena.
—Austin, no te lo tomes a mal. Solo estaba charlando, no quería decir nada de eso.
Antes de que pudiera terminar, Yelena se rió entre dientes.
El pánico que se reflejaba en el rostro de Darla era realmente divertido.
Darla se quedó rígida por un instante, luego levantó la cabeza y miró a Yelena con los dientes apretados. —¿De verdad me has tendido una trampa? No estás hablando con él por teléfono, ¿verdad?
Yelena arqueó una ceja. —Sí. Te he engañado.
Darla apretó tanto la mandíbula que fue un milagro que no se le rompieran los dientes. —Te gusta jugar conmigo, ¿verdad? ¿Te emociona?
Yelena la miró con frialdad. ¿Darla tenía el descaro de hacerse la víctima cuando ni siquiera había respondido por lo que había hecho? —Le metiste a propósito tus cosas en el bolsillo a mi prometido. ¿Para qué? ¿Por diversión?
—Eso no es…
—¿Ahora vas a fingir que no es tuyo? Mala suerte, hay cámaras por todo el patio. Todos tus movimientos quedaron grabados.
Darla apretó los labios, sin saber si Yelena estaba mintiendo o no.
—Ah, y una cosa más: Austin me pidió que te lo dijera. Harvey ha tenido un accidente de coche. Ahora mismo está en quirófano.
Yelena la observó atentamente, captando ese destello de emoción en los ojos de Darla.
Como esposa de Harvey, parecía realmente feliz de saber que estaba herido. El mensaje había sido entregado. Si Darla iba o no, eso dependía de ella.
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Darla salió de su aturdimiento y, al instante, agarró la mano de Yelena, fingiendo pánico. —¿En qué hospital está?
Yelena pensó para sí misma que Darla era realmente una actriz de primer nivel.
Después de darle la dirección, Yelena la vio salir corriendo.
Yelena se volvió hacia Josie, que estaba cerca, con aspecto completamente perdido.
Esos grandes ojos vidriosos la miraron, muy abiertos e inseguros.
Una punzada de compasión le atrajo el pecho a Yelena. Josie le recordaba a sí misma.
Impulsivamente, dio un paso adelante y la tomó en sus brazos.
Miró los pies de Josie y vio que tenía los talones rojos e hinchados. Probablemente por eso había estado llorando antes.
Yelena no podía creer que Darla fuera tan cruel. ¿Cómo podía tratar así a su propia hija?
—Me duele —susurró Josie.
Yelena le dijo con suavidad: «Así es. Si te duele, tienes que decirlo. Si no, nadie lo sabrá».
Josie la miró como si por fin empezara a entenderlo.
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