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Capítulo 1493:
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Estas conexiones alimentaron las especulaciones sobre un posible favoritismo dentro de las filas policiales.
Esta perspectiva se enfrentó a la rápida oposición de quienes insistían en que acusaciones tan graves exigían pruebas sustanciales.
Cuando se trata de cuestiones de vida o muerte, ¿era realmente necesario defender a Yelena?
Naturalmente, la inmensa mayoría optó por creer en la inocencia de Yelena sin reservas.
Justo cuando la controversia parecía zanjada, un misterioso internauta llamado Guardián de la Justicia apareció con nueva información explosiva.
Guardian of Justice rastreó una dirección IP que conducía directamente a Karin, la misma mujer que había sido sorprendida persiguiendo a Milford a pesar de su estado civil. Ella había orquestado toda la campaña de desprestigio contra Yelena, financiando comentarios, manipulando temas de actualidad y comprando clics para alimentar el ataque digital. Ahora, sus maquinaciones quedaban al descubierto para que todos las vieran.
Los internautas furiosos se abalanzaron sobre la página web de Karin con mensajes llenos de vitriolo.
Mientras tanto, el ilustre Grupo Harris emitió un comunicado oficial en el que declaraba que Yelena era la hija de Callum Harris. A partir de ese momento, llevaría el apellido Harris.
El anuncio causó una gran conmoción en la sociedad.
Solo unos días antes, Karin se había burlado públicamente de Yelena en Internet, ridiculizando cómo una desconocida de un pueblo pequeño podía de repente conseguir cientos de millones para rescatar al Grupo Rivera. Había insinuado que Yelena debía haber recurrido a métodos cuestionables.
Ahora la verdad salía a la luz: Yelena era la descendiente de la poderosa dinastía Harris, su padre nadaba en la riqueza y quinientos millones eran para él como calderilla.
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Karin no se enteró de que la noticia se había vuelto viral. Estaba hablando por teléfono con un asistente de investigación de un instituto extranjero cuando una sensación extraña le recorrió la piel.
Levantó la vista y vio que todos los ojos de la mesa estaban fijos en ella.
Se le heló la sangre.
—¿Qué… qué pasa? —tartamudeó, mientras Milford, a su lado, le hacía gestos frenéticos para que dejara de hablar.
Era la primera visita de Karin a la finca Rivera. Se había esmerado mucho en su aspecto: maquillaje impecable, vestimenta adecuada, una selección de regalos cuidadosamente elegidos.
La situación económica de su familia era modesta, y esos regalos eran lo mejor que sus padres podían permitirse.
Habían depositado todas sus esperanzas en ella, creyendo que casarse con un miembro de la dinastía Rivera le permitiría recompensar generosamente sus sacrificios. Al principio, los Rivera la habían recibido con los brazos abiertos.
Pero ahora, tras una sola llamada telefónica, sus expresiones se habían transformado en una rabia apenas contenida.
—Karin, quizá deberías marcharte por hoy —sugirió Milford con voz tensa.
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