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Capítulo 1393:
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Cuando Callum escuchó la pregunta de Donna, se atragantó con el café y casi lo escupe.
Se limpió la boca con el dorso de la mano y murmuró con torpeza: «Eso es imposible. Kaiden nunca sería infiel».
Él sabía la verdad, pero era algo que nunca podría decir.
Donna entrecerró los ojos y se burló: «Los hombres siempre se cubren las espaldas. ¿Para qué me he molestado en preguntar?».
Con un gesto brusco de la mano, se marchó enfadada.
Callum la vio alejarse con una sensación de impotencia.
¿Seguiría sintiendo simpatía por Dina si supiera la verdad?
Pero rápidamente apartó ese pensamiento de su mente. Nunca se lo diría a Donna. Si lo hiciera, ella solo le daría vueltas al asunto.
Jarvis fue el último en enterarse del divorcio de sus padres. Tras recuperarse de sus heridas, había regresado a la sucursal. Había hecho una promesa: poner en marcha la sucursal en seis meses.
Al principio, lo había hecho por Bella. Pero Bella ya no estaba. Aun así, tenía que cumplir su promesa. Al menos, demostraría a su familia que era un hombre de palabra.
Cuando regresó, la noticia lo tomó por sorpresa.
Sin dudarlo, irrumpió en la habitación de Kaiden, empujando la puerta sin siquiera llamar. —Papá, ¿por qué te divorciaste de mamá? ¿La engañaste? ¿Le rompiste el corazón? ¿Por eso se fue?».
La expresión de Kaiden se ensombreció en un instante. Su voz era aguda cuando espetó: «¡Niño desagradecido, esto no es asunto tuyo! ¡Preocúpate de tus cosas!».
Jarvis se quedó paralizado, momentáneamente desconcertado. Nunca había visto a su padre tan furioso.
«Papá, actúas como si fueras culpable».
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Kaiden no tenía paciencia para esa conversación. —¡Fuera! —ladró.
Jarvis se puso rígido. Sin decir nada más, se dio media vuelta y salió con el corazón encogido.
Al salir al pasillo, casi chocó con Elianna.
Tenía los ojos ligeramente enrojecidos y respiró hondo, con voz baja.
—Abuela, mis padres se han divorciado.
El rostro de Elianna permaneció impasible. «Lo sé».
Jarvis sintió una punzada de inquietud. Su calma no le gustaba, era demasiado mesurada, demasiado deliberada. La observó atentamente y le preguntó:
«Abuela, ¿sabes algo?».
Los ojos de Elianna parpadearon durante una fracción de segundo antes de fingir compostura. «¿Qué podría saber yo? No seas ridículo».
Pero Jarvis no se lo creyó. La agarró por los hombros con firmeza y le habló con urgencia. «Abuela, ¡tú lo sabes! ¡Por favor, dime qué ha pasado!».
Los ojos envejecidos y nublados de Elianna se clavaron en los de él. Una punzada de dolor le retorció el pecho, pero su odio hacia Dina era mucho más profundo.
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