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Capítulo 1384:
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La mirada de Callum era fría e implacable. Era demasiado tarde para disculparse. Luego se volvió hacia Kaiden. «Ven aquí. Tenemos que hablar».
Kaiden siempre respetaba el criterio de Callum. Aún confundido, se volvió hacia Dina y le dijo: «Levántate. Tenemos que hablar». Le tendió la mano una vez más.
Dina dudó antes de agarrarla, sujetándola como si fuera la última vez que lo hiciera. Pero cuando sintió la mirada penetrante de Callum sobre ella, la culpa la invadió y rápidamente la soltó.
Los tres se dirigieron al sofá, donde Callum tomó las riendas de la conversación. Lo contó todo, relatando los acontecimientos que habían tenido lugar.
Mientras hablaba, Dina bajaba la cabeza cada vez más. No se atrevía a mirar a Kaiden a los ojos. El peso de su culpa la asfixiaba. Cuando Callum terminó, Kaiden respiró hondo y se volvió hacia Dina, conmocionado.
—¿Es cierto? —su voz temblaba.
No le pidió confirmación a Callum, necesitaba oírlo de ella. Dina sabía que si lo admitía, no habría vuelta atrás. Pero con Callum presente, no tenía más remedio que decir la verdad.
Abrió los labios como para hablar, pero no le salieron las palabras.
Kaiden ya no necesitaba oír nada más. Su silencio lo decía todo.
Exhaló lentamente. —Está bien. Lo entiendo. Divorciémonos.
En el momento en que vio a Dina llorando en el baño, Kaiden sospechó que había sucedido algo terrible. Pero escuchar toda la historia lo dejó aún más devastado por la decepción.
Si Dina se hubiera enamorado de otra persona, tal vez podría haberla perdonado. Pero esa persona era Callum, su propio hermano.
Lo que más le repugnaba era que Dina hubiera drogado a Callum. Si no hubiera sido por la fuerza de voluntad de Callum, la situación podría haber degenerado en algo imperdonable.
Solo pensarlo le revolvió el estómago a Kaiden.
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Su voz era firme, pero fría. —Ya que nos casamos en Malyland, aquí terminaremos.
El arrepentimiento de Dina se convirtió en desesperación.
Se derrumbó a sus pies, agarrándole las piernas, y sus sollozos se volvieron frenéticos. —¡Kaiden, por favor! ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡No hagas esto, no me dejes!
Kaiden la miró, pero no sintió nada. Ni piedad. Ni tristeza.
Solo repugnancia.
¿Cómo podía llorar por amor ahora, después de lo que había hecho?
Simplemente sentía que no tenía vergüenza alguna.
Su mente repasaba el pasado, reconstruyendo momentos que había pasado por alto. Dina siempre había sido demasiado atenta con Callum, haciendo todo lo posible por complacerlo.
Desde que habían regresado a Prauqua, Dina visitaba con frecuencia la casa de Callum, a veces no regresaba a casa hasta altas horas de la noche. Kaiden nunca le había preguntado nada. Había confiado en ella. Había asumido que era su forma de mantener unida a la familia. Ahora veía la verdad: ella había estado persiguiendo a Callum todo este tiempo. Darse cuenta de ello le hizo sentir enfermo.
No había salvación para su matrimonio.
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