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Capítulo 1326:
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Lanzó a Austin una mirada asesina, con la furia hirviendo en su interior. Si las miradas mataran, Austin habría caído muerto en el acto.
Una amarga sensación de incredulidad la invadió. «¿Por qué me has golpeado? ¿Por qué no a ella?», exigió.
Alina había dedicado un esfuerzo minucioso a asegurarse de que su aspecto fuera idéntico al de Yelena. Con ligeras modificaciones, su parecido era casi indistinguible.
En su mente, la ilusión era perfecta. Nadie debería haber sido capaz de notar la diferencia.
Entonces, ¿cómo la había descubierto Austin, y tan rápido? La comprensión la atormentaba, y la incredulidad se apoderó de su pecho.
Él ni siquiera dignificó su pregunta con una respuesta. En cambio, se volvió hacia Yelena, con voz suave. —¿Estás bien?
—Estoy bien —dijo Yelena, con expresión tranquila. Luego, inclinando ligeramente la barbilla, añadió—: Ella es la que está en problemas.
Yelena y Austin avanzaron hacia Alina, con movimientos sincronizados. Fue entonces cuando Alina se dio cuenta de que, mientras hablaban, habían acortado la distancia.
Su corazón se aceleró. Por primera vez, una pizca de inquietud se dibujó en su rostro.
Alina se puso en pie de un salto, agarró su elegante paraguas negro y corrió hacia el borde del balcón antes de saltar sin dudarlo.
Con un fuerte golpe, el paraguas se abrió de golpe.
Le dedicó una sonrisa triunfante a Yelena, y sus labios formaron un silencioso «nos volveremos a ver».
Pero el destino tenía otros planes.
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Alina no se había dado cuenta de que Yelena había cortado la tela anteriormente, y un paraguas roto era como no tener ninguno.
Cayó en picado sin ceremonias, aterrizando de bruces con un ruido sordo.
Se puso en pie a toda prisa y salió corriendo en una retirada frenética.
Yelena se movió instintivamente para perseguirla, pero Austin la detuvo con un gesto.
—No —dijo con voz tranquila pero firme—. Has tenido un día largo. Descansa por ahora.
Yelena dudó antes de asentir finalmente y sentarse.
Sin embargo, algo la inquietaba, y se volvió hacia Austin con una pregunta que le rondaba por la cabeza.
—¿Cómo has distinguido entre ella y yo?
Incluso ella se había quedado momentáneamente atónita al ver a Alina: el parecido era inquietante, como si estuviera mirando su propio reflejo. Entonces, ¿cómo había conseguido Austin distinguirlas?
Austin la miró a los ojos, con expresión pensativa. —Para ser sincero, al principio yo tampoco lo distinguía. Cuando os vi a las dos, me quedé tan sorprendido como tú. Pero confié en mi instinto. Aunque sois idénticas, vuestro porte es completamente diferente.
Yelena sonrió con aire burlón. —Supongo que esta vez has tenido suerte.
La expresión de Austin cambió ligeramente al recordar algo. Su voz se volvió seria. —¿Qué relación tienes con ella? ¿Y por qué va por ahí haciéndose pasar por ti?
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