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Capítulo 1259:
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Yelena apartó a Austin, respiró hondo y se estabilizó la voz. —Cayson, solo me he quedado dormida un momento —mintió, pero un atisbo de inquietud se coló en su voz.
Austin, aún apoyado en su hombro, exhaló suavemente, y su aliento cálido le recorrió la piel, provocándole un escalofrío.
Si no hubiera estado haciendo todo lo posible por contenerse, un gemido habría escapado de sus labios.
Cayson, pensando que estaba agotada por el entrenamiento, se sintió mal por perturbar su descanso. —Está bien. Apaga la luz y descansa un poco. No te mates a trabajar.
Yelena apretó los labios, sin querer decir nada más, y respondió con un suave tarareo.
Austin estiró el brazo y, con un movimiento rápido y sin esfuerzo, apagó la luz. Solo cuando la habitación se sumió en la oscuridad, Cayson se dio la vuelta y se marchó.
Cuando sus pasos se hicieron más lejanos, Yelena soltó un suspiro de alivio.
Giró el hombro en un intento de apartar a Austin.
Luego se volvió hacia él, con voz firme. —Vuelve a tu casa. Necesito dormir.
Austin negó con la cabeza, con una mezcla de pereza y determinación en la voz. —Apenas paso tiempo contigo. Volver solo me parece demasiado solitario.
Yelena cruzó los brazos y lo miró con los ojos entrecerrados. —Ni se te ocurra. Mañana tengo una actuación.
Austin esbozó una sonrisa divertida. —No estaba pensando en nada. Tú has sacado el tema.
Ella lo miró, captando el tono burlón de su voz.
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Antes de que pudiera replicar, Austin la rodeó con un brazo por la cintura y la atrajo hacia sí. Bajó la voz hasta convertirla en un susurro. —Duerme.
Ella se movió un poco antes de acomodarse en una posición cómoda y cerrar los ojos.
En poco tiempo, su respiración se estabilizó en un ritmo lento y constante.
Austin escuchó el suave y constante ritmo a su lado y no pudo reprimir una sonrisa, con un atisbo de impotencia en su mirada oscura. —La noche se alarga sin fin, y tú te duermes tan fácilmente.
Cuando Yelena se despertó, Austin ya se había ido.
Lo único que dejó fue un mensaje de texto: «Nos vemos luego».
Pensó que se refería a que se verían durante su carrera matutina, o tal vez había planeado llevarla a la cadena de televisión más tarde.
Después de terminar de correr, subió a darse una ducha.
Pero cuando volvió a bajar, su mirada se posó en un visitante inesperado.
Yelena miró a Austin. Como si sintiera su mirada, él se volvió hacia ella. Ella arqueó una ceja, preguntando en silencio: «¿Qué haces aquí?».
Los labios de Austin esbozaron una sutil sonrisa cómplice.
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