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Capítulo 1210:
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Los labios de Austin se curvaron ligeramente. La satisfacción brillaba en sus ojos oscuros mientras volvía a ocuparse de la parrilla.
Bajo su atenta mirada, los pinchos adquirieron un tono dorado perfecto, cada trozo de carne parecía preparado con la precisión de un artista.
Y él… él era el maestro de esta sinfonía culinaria. Cada movimiento era deliberado, sin esfuerzo y envuelto en un aire de tranquila confianza.
La luz del fuego bailaba sobre sus rasgos cincelados, acentuando los ángulos marcados de su mandíbula y la intensa tranquilidad de su mirada.
En ese momento, él pertenecía a ese lugar, entre los árboles imponentes, las llamas crepitantes y el aroma ahumado de la perfección a la parrilla. Las brochetas giraban con destreza entre sus manos y el aroma se hacía más intenso con cada vuelta.
La noche de montaña se extendía a su alrededor, serena y fresca, pero el calor del fuego hacía que todo pareciera increíblemente íntimo.
Bajo el resplandor dorado de las llamas, Austin se erguía, irradiando una elegancia ruda con cada movimiento que hacía.
Su camisa se agitaba ligeramente con la brisa, dejando entrever los firmes músculos que había debajo.
Yelena se acercó, con los dedos enroscados alrededor del ala de pollo que apenas había mordido. Se la acercó a él. Sin dudarlo, él se inclinó y le dio un mordisco sin romper el ritmo.
—No está mal.
Ella arqueó una ceja. —Creía que eras un germofóbico.
Austin se limitó a sonreír, con voz baja y suave. —Depende de la persona.
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Contigo, no me importa.
Una cálida sensación se extendió por el pecho de Yelena, dulce e inexplicablemente suave.
Lena y Aus yacían acurrucados cerca, moviendo perezosamente la cola mientras miraban la comida con evidente anhelo.
Yelena y Austin se acomodaron en sus sillas, con el fuego crepitando ante ellos. Bebieron, rieron y comieron, y sus voces y risas se fundieron a la perfección con la noche.
La noche era profunda y oscura, y las montañas y los bosques estaban envueltos en un silencio inquietante. Bajo el toldo de su autocaravana, Yelena y Austin se sentaron uno al lado del otro, disfrutando de la tranquila serenidad de la naturaleza. El aroma de la barbacoa chisporroteando llenaba el aire, y la luz del fuego parpadeaba cálidamente en sus rostros, proyectando un resplandor dorado sobre el momento de paz.
Pero la tranquilidad no duró mucho.
Un cambio repentino en el aire los puso en tensión. Lo sintieron: una presencia inusual se acercaba sigilosamente, silenciosa pero inconfundible. Sus sonrisas se desvanecieron. Sus cuerpos se tensaron. Sus instintos, agudizados por la experiencia, gritaban peligro.
Los pasos que se acercaban eran ligeros y rápidos, sombras que se deslizaban en la oscuridad, casi imperceptibles para una persona normal. En un abrir y cerrar de ojos, parecían estar muy cerca.
Intercambiaron una mirada, comprendiendo ya lo que estaba a punto de suceder. La lucha era inevitable.
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Nota de Tac-k: Tengan un muy agradable fin de semana queridas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (=◡=) /
También quería compartir que me gusta mucho Efesios 5:2, porque, al final del día, lo que Dios quiere de todos nosotros es que vivamos una vida caminando en amor: ‘Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios’ (RVR1960).
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