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Capítulo 1198:
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Yelena levantó la cabeza y lo atrajo con sus brillantes ojos estrellados.
La mirada de Austin se oscureció y sus emociones se agitaron.
A la mañana siguiente, Austin llevó personalmente a Yelena a la cadena de televisión. Simone y Hannah ya habían vuelto a su intensa rutina incluso antes de que ella llegara.
Solo quedaban unos pocos episodios para el estreno oficial, así que cada segundo contaba. Nadie estaba dispuesto a relajarse, no cuando estaban tan cerca de llegar a la fase final.
Simone, como líder novata, carecía de confianza, pero, afortunadamente, Hannah siempre estaba a su lado. A veces surgían tensiones, pero nadie quería perder, así que los conflictos se resolvían rápidamente.
Mientras tanto, al amanecer, Dina sacó a Jarvis de la cama sin ceremonias y lo obligó a cambiarse. Dina le sonrió, alisándole el cuello. —Bella tiene muy buen gusto. La ropa que te ha elegido te queda muy bien.
Jarvis frunció ligeramente el ceño. Había algo en su tono que no le gustaba.
¿Desde cuándo Bella le elegía la ropa? No recordaba haberlo hecho nunca. Aun así, la idea le hizo sentir inexplicablemente feliz. «Ya te lo dije, Bella tiene muy buen gusto».
Al fin y al cabo, si no fuera así, ¿cómo le habría elegido a él? Jarvis se permitió un momento de satisfacción y aire de suficiencia.
Dina le llevó fuera, pero justo cuando llegaban a la puerta, algo hizo clic en su mente. «Mamá, ¿por qué salimos sin Amilia?». Dina siempre se llevaba a Amilia consigo cuando salía.
Dina dudó un instante, con la mirada vacilante, antes de responder.
Rápidamente se le ocurrió una excusa. —Amilia está un poco triste últimamente —comenzó, haciendo una pausa antes de continuar—. Como hermano, deberías intentar animarla. Por favor, ten cuidado con lo que le digas, ¿de acuerdo?
Jarvis respondió en voz baja, con preocupación en los ojos. —Lo haré.
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Dina suspiró aliviada. Había inventado esa explicación para encubrir su mentira.
Amilia no estaba en casa. Se había marchado temprano esa mañana.
Al principio, Dina pensó que Amilia se negaría a volver a ponerse el reloj cuando descubriera su función de rastreo.
Si fuera Dina, un dispositivo así le parecería una invasión constante de su privacidad.
Sin embargo, los niños ven el mundo de otra manera. Amilia no consideraba que el rastreador fuera intrusivo. Al contrario, creía que le permitía explorar libremente sin preocupaciones. Mientras no tuviera que ir al jardín de infancia, estaba contenta.
Esa mañana, Amilia había desaparecido.
Sin embargo, un vistazo al teléfono tranquilizó a Dina: Amilia estaba en casa de Elliot.
Elliot siempre parecía reservado, lo que desconcertaba a Dina. ¿Qué le atraía de él a Amilia?
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