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Capítulo 1177:
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«Lo siento… Nos equivocamos…», murmuró uno de los padres con voz apenas audible, con la cabeza gacha y un tono renuente.
Yelena los observó mientras inclinaban la cabeza con remordimiento y renuencia, sin sentir ninguna satisfacción.
Hoy se había hecho justicia, pero ella sabía que las cicatrices que habían quedado en el corazón de Amilia no sanarían de la noche a la mañana.
Al salir del jardín de infancia, Yelena y Atticus caminaban uno al lado del otro.
Atticus comentó: «La justicia puede tardar, pero siempre llega».
Yelena asintió. Siempre lo había sabido: bajo la apariencia rebelde de Atticus se escondía un corazón de oro.
Era un abogado formidable, nunca lo había dudado.
Yelena regresó a la finca de los Harris y les contó todos los detalles del acoso que había sufrido Amilia a Dina y Kaiden.
Pero, para su decepción, no se tomaron el asunto tan en serio como ella esperaba.
Simplemente se quedaron mirándola, con expresiones de incredulidad, como si Yelena acabara de contarles la historia más absurda que se pudiera imaginar.
—¿Cómo pueden ser tan crueles los niños? —murmuró Dina, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
Kaiden frunció el ceño y añadió: «A su edad, lo único en lo que deberían pensar es en jugar y divertirse».
Dina suspiró y su voz se suavizó. «Nuestra Amilia es una princesita tan dulce y preciosa. ¿Cómo es posible que alguien no la adore?».
Yelena dejó escapar un suspiro silencioso, consciente de que los adultos a menudo malinterpretaban las complejas dinámicas sociales de la infancia. Pero se mantuvo firme. «No olvidéis que Amilia también es una persona. Tiene sus propios pensamientos y sentimientos. Estar aislada y ser acosada en la escuela es doloroso para ella. El hecho de que sea una niña no significa que sus emociones puedan ser ignoradas».
Dina y Kaiden intercambiaron miradas inquietas, claramente conmovidos por las palabras de Yelena. Se dieron cuenta de que tal vez habían subestimado las dificultades de Amilia, asumiendo que era más resistente de lo que realmente era.
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Kaiden se volvió hacia Amilia con ternura y la instó: «Cariño, cuéntanos todo lo que ha pasado».
Gracias al apoyo de Yelena, Amilia estaba menos nerviosa esta vez. Asintió con la cabeza, respiró hondo y contó toda la situación.
Cuando terminó, Dina y Kaiden se quedaron atónitos, con el rostro marcado por la preocupación. Les dolía el corazón por su hija y su primer instinto fue defenderla.
Antes de que pudieran responder, Yelena intervino: «No es necesario. Ya me he encargado de todo. Pero si no están satisfechos con la compensación, pueden hablar con ellos ustedes mismos».
Dina y Kaiden se miraron, perplejos. ¿De verdad se había encargado Yelena de todo?
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