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Capítulo 1159:
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Un desconocido corpulento saltó de la oscuridad y le tapó la boca y la nariz con un trapo empapado en droga.
Tomada por sorpresa, apenas pudo respirar antes de que el fuerte olor químico le llenara los pulmones. El pánico se apoderó de ella, pero antes de que pudiera forcejear, todo se volvió negro.
En la confusión, percibió vagamente que el hombre le quitaba el abrigo, le ponía otra chaqueta y le colocaba una gorra de béisbol en la cabeza. La levantó, ajustándole la postura lo justo para que pareciera borracha y tambaleante.
Con inquietante facilidad, la sujetó y la sacó del baño. Hannah permaneció completamente flácida contra él, totalmente inconsciente de su entorno, perdida en la confusión inducida por la droga.
Afortunadamente, el agudo instinto de Yelena se activó justo a tiempo para percibir que algo iba mal y salvar a Hannah.
Simone se volvió hacia Yelena. «No noté nada cuando las vi. ¿Cómo sabías que era ella?».
Esta pregunta le había estado rondando la cabeza durante un rato y ahora le pareció el momento adecuado para plantearla.
Hannah también miró a Yelena, igualmente curiosa.
No era solo Simone: Hannah se había estado preguntando lo mismo.
—El olor —respondió Yelena con sencillez.
¿El olor?
Yelena explicó que había reconocido a Hannah por el aroma de su perfume.
—¡Vaya, qué olfato tan fino! ¿De verdad lo has notado? —se maravilló Hannah.
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Yelena sonrió levemente. —Lo suficiente como para reconocerlo.
—Menos mal que Yelena estaba allí. Si no, probablemente no nos habríamos dado cuenta y ese cabrón se habría salido con la suya —exhaló Simone, dándose cuenta de lo que había estado a punto de pasar.
Como Hannah estaba bien y no necesitaba quedarse en el hospital, terminaron la revisión y se prepararon para irse.
Justo cuando salían del hospital, una ambulancia se detuvo con un chirrido en la entrada. Los paramédicos salieron corriendo, empujando una camilla con un hombre inmóvil.
—¡Abran paso, por favor! —La voz autoritaria sacó a Yelena de sus pensamientos.
Su mirada se posó en el hombre y una extraña sensación de familiaridad la invadió.
Le parecía haber visto a ese hombre antes. Entonces, otra figura llamó su atención: alguien que salía apresuradamente de un taxi y corría directamente hacia el hombre.
Megan.
Entonces lo comprendió todo. No era de extrañar que el hombre le resultara familiar: era el marido de Megan.
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