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Capítulo 1101:
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Para su sorpresa, se veía una figura en el reflejo de los ojos del asistente de Annie, pero la imagen seguía siendo demasiado borrosa para revelar ningún rasgo definitivo.
Whittaker estaba atónito, ya que nunca había imaginado que Yelena acertaría.
Sin embargo, la imagen seguía siendo demasiado borrosa. Aunque estaba claro que el asistente estaba mirando a alguien, la identidad de esa persona seguía siendo un misterio.
—¿Puede mejorarla aún más, para aclarar el rostro de la persona?
Si no podían identificar al sospechoso, todos sus esfuerzos serían en vano.
El técnico negó con la cabeza y respondió con desánimo: —He llegado al límite de nuestra tecnología. Me temo que nadie puede ir más allá.
Justo cuando la desesperación parecía apoderarse del grupo, Yelena intervino: —Creo que tengo una solución.
Al oír su declaración, el técnico puso una expresión de incredulidad burlona.
Tenía la creencia estereotipada de que pocas mujeres destacaban en los ámbitos tecnológicos de la programación o la restauración de píxeles, y mucho menos podían superar a alguien de su calibre.
Lanzó a Yelena una mirada desdeñosa, como diciendo: «¿Qué puedes hacer tú, una joven, aquí?».
Incluso dijo: «En este campo, se me considera el mejor. ¿Cómo podrías superarme?».
Supuso que Yelena solo estaba alardeando.
Sin embargo, Yelena no se inmutó ante su desdén y solo esbozó una leve sonrisa cómplice.
En medio de la tensa atmósfera, Yelena se acercó al ordenador con los ojos iluminados por la determinación y una confianza que parecía iluminar su camino.
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A pesar del escepticismo de los técnicos, estos se sintieron irresistiblemente atraídos hacia ella y contuvieron la respiración con expectación. Yelena afirmó con confianza: «Déjeme intentarlo».
Sus dedos comenzaron a bailar sobre el teclado, haciendo eco del fervor de un pianista experimentado que interpreta una sinfonía compleja.
Cada pulsación precisa desataba flujos de código, revelando su profundo conocimiento.
El rápido desplazamiento del código por la pantalla reflejaba su agudo intelecto y su gran capacidad lógica para la programación.
La expresión de Yelena oscilaba entre la concentración intensa y la facilidad natural, y sus pensamientos fluían al ritmo del código mientras buscaba incansablemente la solución óptima.
La sala se sumió en un silencio inquietante, solo roto por el repiqueteo del teclado y el suave zumbido del procesamiento de datos.
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