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Capítulo 1096:
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Los ojos de Simone se abrieron de par en par, completamente desprevenida. Parpadeó incrédula, con la garganta apretada y el escozor de la humillación alojado en el pecho.
La mirada de Yelena se posó en Annie, y su expresión se volvió gélida. —Creo que el verdadero problema es tu boca. Apesta cada vez que la abres. ¿Qué basura has estado comiendo?
El rostro de Annie se retorció de rabia. —Yelena, tú…
Pero Yelena frunció la nariz, interrumpiéndola con una mirada de puro disgusto. «Uf, el hedor es insoportable». Agitó una mano delante de la cara. «¿No puedes callarte?».
«¡Tú…!
La furia de Annie estalló. Con un bufido enfurecido, se dio la vuelta y se marchó furiosa a su habitación.
Yelena observó su figura mientras se alejaba, con una mirada divertida en los ojos. Una lenta sonrisa de complicidad se dibujó en sus labios.
En la sala de ensayo, Hannah y Simone se entregaron al baile y al entrenamiento vocal con una dedicación inquebrantable. Sus movimientos se sincronizaron cada vez más, sus armonías se hicieron más ricas y sus voces se fusionaron a la perfección mientras refinaban cada nota.
Con cada ensayo, se acercaban más a la perfección, y su rutina adquiría un brillo pulido.
Mientras tanto, Yelena estaba de pie junto a la ventana, con la mirada perdida, pensando en otra cosa.
La intensidad del ensayo no conseguía distraerla de una preocupación persistente: la garganta inflamada de Simone. Yelena decidió preguntarle a Colden si él también había tomado la infusión para la garganta tan pronto como terminara el ensayo.
Annie, cada vez más impaciente, había supuesto en un principio que Yelena simplemente estaba holgazaneando. Pero, a medida que pasaba el tiempo, se dio cuenta de que la pasiva rebeldía de Yelena no era solo un problema personal, sino que estaba empezando a ralentizar el progreso del grupo.
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Y con la actuación cada vez más cerca, la paciencia de Annie finalmente se agotó.
—¡Yelena! ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?
Yelena arqueó una ceja y se volvió hacia ella. —¿Qué quieres decir?
—Todos los demás están ensayando en serio y tú estás ahí parada, ausente. Si no quieres formar parte de esto, dilo. Busca una excusa, di que no te encuentras bien, y déjalo.
La frustración de Annie se reflejaba en cada palabra, sin filtrar su ira.
Yelena la miró sin inmutarse. —¿Por qué iba a dejarlo?
Annie apretó los puños y alzó la voz. —¡Porque no te lo estás tomando en serio! Estás haciendo perder el tiempo a todo el mundo. Si no estás comprometida, quizá deberías marcharte ahora mismo en lugar de arrastrar al resto.
Yelena ladeó la cabeza, sin impresionarse. —¿Y cómo estoy haciendo perder el tiempo a alguien? Ya me sé las partes que estás practicando. Además, yo me encargo de las secciones más difíciles. ¿De verdad es tan grave que ahorre energías?
—Vale. Si estás tan segura, demuéstralo. Enséñame cómo se hace.
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