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Capítulo 1073:
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Los murmullos se extendieron entre el público. Incluso los artistas más experimentados tendrían dificultades ante un fallo técnico como este. Sin embargo, Yelena permaneció allí, imperturbable.
Algunos susurraron que estaba fingiendo.
Pero si era así, lo estaba haciendo de forma impecable.
Entonces, justo cuando se calmó el alboroto, el escenario bajo sus pies se tambaleó ligeramente, de forma deliberada. Yelena tropezó y apenas logró mantener el equilibrio. Pero en esa fracción de segundo, lo comprendió: no era un accidente. Alguien lo había planeado.
Un murmullo recorrió el público. Desde las sombras de la sala de espera, Sonya sonrió con satisfacción. Estaba segura de que esto desconcentraría a Yelena y garantizaría su fracaso.
Pero Yelena no era de las que se derrumbaban bajo presión. Respiró hondo, se enderezó, levantó la barbilla y comenzó a cantar.
Su voz resonó, clara e inquebrantable, cortando la tensión como una espada. En el momento en que cantó, las luces se estabilizaron, los altavoces se ajustaron y el público se quedó hipnotizado.
Se hizo el silencio en la sala antes de que estallara la primera oleada de aplausos.
En la sala de espera, Sonya se quedó pálida. ¿Cómo? ¿Cómo había conseguido Yelena convertir este desastre en un triunfo?
Pero el verdadero golpe llegó momentos después. Los jueces revelaron sus puntuaciones, sorprendentemente altas. Incluso Colden, famoso por sus críticas brutales, ofreció elogios poco habituales.
Su veredicto fue unánime. La actuación de Yelena no solo había sido hábil, sino cautivadora. ¿Y su capacidad para mantener la compostura bajo presión? Aún más notable.
En ese momento, Yelena no era solo otra concursante comodín, era una fuerza a tener en cuenta.
Y así, sin más, pasó a la siguiente ronda.
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La expresión de Sonya se torció con incredulidad al asimilar la noticia del éxito de Yelena. Negándose a aceptarlo, apretó los puños, con las manos temblando ligeramente mientras las uñas se clavaban peligrosamente en las palmas.
A su alrededor, los demás concursantes le lanzaban miradas cautelosas. Algunas estaban teñidas de simpatía, otras de diversión apenas disimulada. Sin embargo, nadie se atrevía a acercarse a ella, ni para consolarla ni para provocarla. Todos sabían que no era buena idea cruzarse con alguien con su nivel de influencia dentro del equipo de producción.
«¿Cómo ha podido…? ¿Cómo ha podido…?», balbuceaba Sonya, con la voz cargada de frustración e incredulidad.
Estaba segura de que sus contactos y su estatus serían suficientes para aplastar a cualquier competidora, especialmente a una novata como Yelena, que no parecía tener ningún respaldo. Pero la realidad la había golpeado con dureza, destrozando esa ilusión en un instante.
Uno de los lacayos de Sonya se acercó vacilante y le susurró: «Sonya, no te lo tomes a pecho. Quizá solo ha tenido suerte esta vez. La próxima vez encontraremos la manera…».
Sonya levantó la cabeza bruscamente, con los ojos brillando con fría determinación. —¿La próxima vez? No. No voy a esperar tanto. Tiene que entender lo que pasa cuando se mete conmigo. Averigua si hay algo que podamos usar contra ella.
Los secuaces asintieron rápidamente, pero mientras se alejaban, intercambiaron miradas inquietas. Conocían muy bien el temperamento de Sonya. Cuando ponía sus ojos en alguien, las consecuencias eran graves.
Pero esta vez era diferente. La actuación de Yelena había sido indudablemente impresionante, y descubrir una debilidad en ella no sería fácil.
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