✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1019:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Yelena sostuvo el rastreador y su expresión se volvió fría. Miró a Ellen y le preguntó lentamente: «Ellen, ¿esto es tuyo? ¿Sabes cuándo te lo pusieron?».
Ellen se sorprendió al ver el rastreador. Negó con la cabeza, con expresión desconcertada. «No lo sé, nunca lo había visto antes. Yelena, créeme, no sé qué está pasando».
Yelena estudió el rostro de Ellen y su determinación se suavizó ligeramente. Sabía que Ellen podía ser descuidada, pero no era del tipo de persona que traicionaría a sus amigos. Además, Austin era el hermano de Ellen. Sin embargo, el rastreador había sido encontrado en ella, lo que ponía en duda la inocencia de Ellen.
—Ellen, necesito que seas sincera conmigo —dijo Yelena en voz baja—. Esto no es sencillo. Si alguien te está utilizando para rastrearnos, las consecuencias podrían ser graves.
El rostro de Ellen palideció ante las palabras de Yelena. Comprendió la gravedad de la situación y asintió con seriedad. —Yelena, confío en ti. Llegaré al fondo de esto y te lo explicaré todo.
—Dame el rastreador —pidió Ellen.
Yelena dio un paso atrás, con aire cauteloso. —¿Para qué lo necesitas?
—¡Para destruirlo, por supuesto! —respondió Ellen con expresión de impotencia—. ¿Por qué querría conservar algo tan peligroso? ¿No te preocupa que nos vuelvan a rastrear?
—Yo me encargaré de ello —insistió Yelena.
Mientras Yelena se alejaba, Ellen frunció el ceño y murmuró entre dientes: «Está claro que no confía en mí».
Ellen reflexionó sobre el incidente y sintió un escalofrío al recordar el momento en que Yelena había descubierto el rastreador en su bolsillo. Era como si un sudor frío le empapara la espalda. Estaba en estado de shock.
Se dio cuenta de que la mayor amenaza podría no ser otra persona, sino ella misma. Si Yelena no hubiera encontrado el rastreador, podría haber puesto en peligro a Austin y a los demás sin saberlo. La idea hizo que Ellen se estremeciera.
Descúbrelo ahora en ɴσνєℓα𝓼𝟜ƒα𝓷.𝒸ø𝓂 que te atrapará
Yelena apretó el rastreador, contemplando si debía dejarlo en algún lugar y dejar que dejara de moverse, con la esperanza de que quienes los perseguían sospecharan y tomaran medidas. Estaba frustrada por no haberlo notado antes.
Sin embargo, las circunstancias habían sido abrumadoras, llenas de acontecimientos inesperados que dejaban poco margen para la reflexión. Después de todo el caos, Yelena sintió que se le cerraban los párpados y empezó a dolerle la cabeza.
Por el rabillo del ojo, Yelena vio una rata que se acercaba desde la distancia. Acababa de salir de una alcantarilla y miraba a su alrededor con recelo. La visión de la rata le recordó a Leonel y la llenó de repugnancia. Entrecerró los ojos, se concentró en la rata y movió suavemente el dedo.
Al instante siguiente, el rastreador se clavó en el cuerpo de la rata. A pesar de su pequeño tamaño, el rastreador hizo que la rata chillara una vez. Sus movimientos se volvieron erráticos, como si la hubieran mordido, pero pronto se calmó.
Yelena observó cómo la rata se alejaba corriendo, con una leve sonrisa en los labios y los ojos brillantes de picardía. «Que esta rata pruebe tus propios trucos», murmuró.
Luego se dio la vuelta y regresó al hospital.
John llegó con sus hombres y aseguró el perímetro del hospital, asegurándose de que nadie pudiera escapar aunque lograra entrar. La oposición parecía haberse calmado.
Unos días más tarde, Austin había hecho importantes progresos en su recuperación. Sin embargo, el estado de Domenic seguía siendo grave. Yelena decidió no precipitarse en intentar limpiar el cuerpo de Domenic de toxinas, y optó por esperar un poco más.
—Yelena, volvamos. Es mejor regresar a un lugar familiar que quedarnos aquí en vilo —sugirió Ellen.
.
.
.