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Capítulo 1016:
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Sus ojos brillaban con una intensidad despiadada, como un depredador que rodea a su presa, esperando el momento perfecto para atacar.
Yelena, vestida con ropa holgada y sin restricciones, era igual de rápida.
Sus movimientos fluían como el agua, sin interrupciones y sin vacilaciones, mientras el bisturí giraba hábilmente en su mano, cortando y golpeando con precisión letal, cada ataque rápido y despiadado.
Los puños volaban, los pies se lanzaban, el bisturí y el paraguas chocaban con estallidos de chispas.
Se movían por la habitación en un borrón implacable, acercándose en un momento y separándose al siguiente, cada uno buscando la más mínima abertura para asestar un golpe decisivo.
La intensidad aumentaba con cada golpe, y su respiración se volvía entrecortada.
Entonces, Alina se impulsó contra el suelo en un salto explosivo y se lanzó hacia Yelena como un misil.
Yelena respondió en un instante, el bisturí cortando el aire en un destello de luz fría.
En el último momento, Alina se giró en el aire, esquivando por poco la hoja, y propinó una brutal patada directamente en el estómago de Yelena.
Yelena se tambaleó hacia atrás, dejando escapar un grito agudo.
La sonrisa de Alina se amplió, con satisfacción brillando en sus ojos.
Esta noche acabaría con todo. Aplastaría a Yelena y borraría todo rastro del pasado.
Pero Yelena aún no estaba derrotada. Apretando los dientes, se obligó a ponerse en pie.
Y entonces, sin dudarlo, se abalanzó con el bisturí brillando una vez más.
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Esta lucha ya no se trataba solo de fuerza.
Se trataba de quién tenía más voluntad de sobrevivir.
Y ninguna de las dos se detendría hasta que solo quedara una en pie.
Yelena apretó la mandíbula, tragándose el dolor agudo que le atravesaba el abdomen. Su mirada se endureció, inquebrantable en su determinación. Retroceder ahora no era una opción, eso lo tenía claro. Las consecuencias de dudar eran demasiado graves como para siquiera considerarlas.
Los ataques de Alina se volvieron más feroces, cada golpe con una precisión letal. Pero Yelena se negó a flaquear. Su agarre del bisturí se mantuvo firme, cada movimiento calculado mientras paraba el implacable ataque. Una y otra vez, neutralizó los golpes de Alina, mientras buscaba la oportunidad perfecta para contraatacar.
La tensión en la habitación era densa, casi asfixiante. Se movían con una gracia letal, sus figuras se difuminaban en la penumbra de la sala. Las chispas volaban cuando el acero se encontraba con el acero: el filo del bisturí chocaba contra la punta afilada del paraguas negro de Alina.
Entonces, en una fracción de segundo, Yelena lo vio: un hueco en la defensa de Alina. No lo dudó. Con un fuerte impulso contra el suelo, se lanzó hacia delante, en un movimiento demasiado rápido para seguirlo.
El instinto de Alina se activó y levantó el paraguas en un intento desesperado por bloquear el golpe, pero la velocidad de Yelena estaba fuera de su alcance. ¡Alina no fue lo suficientemente rápida!
El bisturí atravesó la tela limpiamente, provocando un profundo corte en el brazo de Alina. Un grito agudo escapó de los labios de Alina, cuyos ojos brillaban con la conmoción y la rabia contenida.
No esperaba que Yelena detectara su punto débil tan rápidamente, y mucho menos que atacara con tanta precisión despiadada.
Pero retirarse no era una opción.
Alina apretó los dientes para soportar el dolor y se armó de valor antes de lanzarse a otro ataque.
No se trataba solo de ganar o perder, se trataba de redimirse, de demostrar que no era la misma persona que había fracasado antes.
Yelena podía verlo en sus ojos. Y por eso, actuó con aún más cautela, sus movimientos se volvieron más precisos, más deliberados.
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