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Capítulo 870:
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«¿Qué tipo de evento es este? Sabes que no son más que competitivos y aduladores. ¿Por qué exponerla a eso?». La frustración de Nyla era evidente. Nunca había querido que Charlotte fuera empujada al centro de atención.
La participación de Charlotte en el glamuroso pero duro mundo de la élite de Ulares preocupaba a Nyla. Allí, los herederos de los ricos jugaban a peligrosos juegos de manipulación y estrategia. El único deseo de Nyla era la seguridad de Charlotte.
«Puede que seas su padre, pero esto no está bien. Me la llevo ahora mismo».
«¿Consideras que nuestra hija es menos capaz que los demás?», preguntó Ethan, con voz desprovista de emoción.
Nyla se sorprendió; eso no era lo que quería decir.
—No es eso lo que quería decir. Simplemente no quiero que ella vaya a ese tipo de eventos.
—¿Te parece bien que Larson te acompañe, pero te opones a que yo lleve a mi propia hija? Al fin y al cabo, soy su padre. También tengo la obligación de enseñarle a socializar. —Con eso, Ethan se dirigió escaleras arriba.
Al quedarse sola, Nyla se sintió confundida. ¿Qué tenía que ver Larson con todo eso?
¡Un momento!
Su mirada se desplazó hacia la escalera y se dio cuenta de algo. Ethan acababa de mostrar un atisbo de celos por segunda vez.
—Mamá, falté al colegio, así que papá me ha buscado un profesor particular. Ya sé todo lo que enseñan allí, y he aceptado ir al evento de esta noche. Lo siento —confesó Charlotte desde el sofá, con expresión de arrepentimiento.
—Cariño, solo quiero evitar que te acosen.
—¿Acosar? Normalmente soy yo la que acosa —respondió Charlotte con inocencia, sin ver cuál era el problema.
Nyla suspiró, sintiéndose perdida.
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En efecto, era poco probable que Charlotte fuera víctima de acoso. Quizás se estaba preocupando demasiado.
En el pasillo de arriba, Nyla llamó a la puerta y entró en la habitación. Ethan se estaba cambiando, con el torso al descubierto.
Las cicatrices marcaban su piel, recordatorios de escaramuzas y batallas pasadas, lo que contribuía a su atractivo rudo. Sus abdominales bien definidos eran tan tentadores como siempre. Incluso después de todos estos años, la forma física de Ethan seguía siendo impresionante.
—¿Ya has terminado de mirar?
—No del todo, ¿puedo tocar?
Al oír sus palabras, Ethan se detuvo en seco.
La puerta se cerró detrás de ella.
Nyla se apoyó contra ella, con la mirada perdida en Ethan, absorbiendo cada centímetro de su cuerpo. De repente, le vino un recuerdo: en aquel entonces, era ella quien lo perseguía. Con el paso de los años, su audacia parecía haberse desvanecido.
«Estamos divorciados, Nyla», dijo Ethan con firmeza mientras se vestía.
«Oh, te dije lo mismo antes de que perdieras la memoria», replicó Nyla, cruzando los brazos.
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