No me dejes, mi querida mentirosa - Capítulo 845
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Capítulo 845:
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Desde detrás de la pantalla, Kameron observó cómo se desarrollaba la escena, con satisfacción brillando en sus ojos antes de darse la vuelta y salir de la habitación.
Más tarde esa noche, la llamada de Franklin iluminó la pantalla.
«¿La familia Turner aún no ha confesado?», preguntó Franklin con tono pausado, aunque sus penetrantes ojos azules brillaban con curiosidad. Esta vez, la copa de vino tinto que siempre le acompañaba brillaba por su ausencia.
Kameron, siempre cauteloso, respondió: «No, insisten en que tu madre nunca trajo a nadie a casa».
La expresión de Franklin se nubló brevemente con decepción, aunque la emoción pasó tan rápido como una sombra al mediodía. «Ya veo. Termina tu trabajo en Ulares y regresa».
«Preferiría quedarme un poco más», se atrevió a decir Kameron, con un ligero tono de inquietud.
La mirada de Franklin se agudizó. «¿Y por qué?».
«Sospecho que ocultan algo. Hay fotos de ella en la habitación de tu madre, algo no cuadra».
Ante esta revelación, los ojos de Franklin brillaron con renovado interés. «¿Es así?».
«Llegaré al fondo del asunto. Después de todos estos años, no pienso defraudarte», prometió Kameron.
Franklin permaneció en silencio, su quietud lo decía todo. La videollamada terminó, dejando a Kameron recostado en su silla, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
«Ethan tiene problemas de memoria, Nyla se niega a volver al cuartel general, Candy huyó de su boda y tengo a dos bandas importantes y a Krista comiendo de mi mano. ¿Con qué te queda para luchar contra mí?».
Por primera vez, sintió que el peso de sus cadenas comenzaba a desmoronarse.
Nyla no esperaba una llamada de Brevard, pero aceptó la invitación sin dudarlo. Condujo hasta el punto de encuentro, aparcó y contempló la pintoresca cafetería que tenía delante, arqueando ligeramente una ceja. La familia Higgins tenía una afinidad innegable por el café.
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Hacía mucho tiempo que no oía ningún rumor sobre el destino de Johnny. La idea le pasó por la cabeza brevemente antes de descartarla y entrar en la sala privada.
Allí estaba Brevard, silencioso como una sombra, sorbiendo su café. Nyla no lo molestó y optó por sentarse en silencio.
—Tienes agallas —dijo Brevard finalmente, con un tono tranquilo pero cargado de significado—. El incidente de la familia Green de entonces… estaba relacionado conmigo. Pero no esperaba que fueras una rival más formidable que Hayes.
«Hay muchas cosas que no esperabas», respondió Nyla con serenidad. «Tengo la intención de recuperar todo, pieza por pieza».
«Aunque no fueras tú quien lo orquestó todo, sigues estando profundamente involucrada. La familia Higgins está al borde de la ruina».
«Y, sin embargo», dijo Nyla con voz aguda y firme, «No siento ninguna satisfacción. El dolor que he soportado durante todos estos años… todo proviene de ti. No estoy aquí solo para ver tu caída. Lo que quiero es tu destrucción absoluta».
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