No me dejes, mi querida mentirosa - Capítulo 831
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Capítulo 831:
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«Me pondré en contacto contigo cuando todo esté listo», dijo ella.
En ese momento, la manija de la puerta de la sala privada giró. Entendiendo la señal, Nyla cogió su bolso y se marchó.
«Parece que alguien ha venido a verte».
Un hombre alto y autoritario entró en la sala, con unos rasgos llamativos que denotaban cierta diversión, y fijó la mirada en Johnny.
Las manos de Johnny temblaban ligeramente y el miedo se reflejó en su rostro, pero rápidamente se recompuso.
«¿Por qué no has respondido a mis llamadas?», preguntó Murray, cuya mirada penetrante finalmente se posó en Nyla. «Señorita Green, no esperaba encontrarla aquí».
«Ya me voy», dijo Nyla con un gesto cortés antes de salir de la habitación.
La tensión entre los dos hombres era palpable: uno desesperado por liberarse, el otro reacio a dejarlo ir. Lo que acabaría sucediendo seguía siendo incierto.
En ese momento, la situación de Callie era la máxima prioridad.
A pesar de los grandes esfuerzos de Nyla por localizarla, era como si Callie hubiera desaparecido sin dejar rastro.
Si el secreto se revelaba, devastaría a la ya inestable familia Higgins. Sin la intervención de Callie, su caída era inevitable. Con ese pensamiento en mente, Nyla marcó el número de un destacado periodista de investigación de Ulares.
«Tengo información sobre Callie…».
Como era de esperar, la noticia saltó a los titulares casi al instante y se difundió rápidamente por todos los canales.
En los días siguientes, las acciones del Grupo Grandeagle continuaron su caída libre, alcanzando hoy su nivel más bajo.
Brevard debía de estar agotado, gestionando las consecuencias del escándalo.
Nyla reservó un vuelo y envió los detalles a Johnny. Todo estaba listo: su fuga estaba prevista para las siete de la tarde.
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Llegó a la villa de Johnny, donde él la esperaba, con el rostro oculto bajo un pesado disfraz.
«¿Por qué no has traído nada contigo?», preguntó Nyla mientras abría la puerta del coche. Johnny se subió al asiento del copiloto y soltó un profundo suspiro de alivio.
«Tengo todos los documentos esenciales. El resto no importa. Tengo contactos en el extranjero. Puedo conseguir lo que necesite más adelante».
Johnny había aprovechado la apretada agenda de Murray para escabullirse sin que nadie se diera cuenta. Llevar equipaje habría sido demasiado arriesgado, demasiado revelador. Nyla lo miró con seriedad antes de arrancar el coche.
—¿Estás seguro de esto?
Una vorágine de emociones se agitó en el interior de Johnny. Miró hacia atrás, hacia la villa, y una oleada de náuseas lo invadió.
—Estoy seguro. Haré lo que sea para salir de aquí.
Nyla no dijo nada más y pisó el acelerador mientras se dirigía al aeropuerto.
Todo salió según lo previsto. Cuando Johnny entró en el aeropuerto, una sensación de ligereza lo invadió y visualizó un futuro lleno de libertad y felicidad.
Sin embargo, una extraña sensación comenzó a apoderarse de su pecho.
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