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Capítulo 809:
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Nyla había tomado una decisión: iba a mantener a Janiya a salvo, sin importar el coste.
Pero Janiya negó con la cabeza.
«No puedo dejar que te encuentren. No puedo seguir adelante. Roy se ha ido y no quiero vivir sin él».
A Nyla se le encogió el corazón. «¡No digas eso! ¡Te voy a sacar de aquí!». Agarró a Janiya por el brazo, intentando levantarla.
Pero Janiya se soltó y se dirigió hacia el borde del acantilado.
«Saben que me has visto. También vendrán a por ti. Tienes que huir».
Nyla se abalanzó hacia ella, desesperada por detenerla.
Janiya se volvió hacia ella, con los ojos llenos de una desesperación abrumadora. —Déjame ir. Roy se ha ido y yo no puedo seguir adelante. Nyla, puede que esté embarazada de él. Por favor… déjame ir.
Nyla se dio cuenta de algo muy importante.
Esta era Janiya en su estado más lúcido: sin confusión, sin miedo. Solo la cruda y dolorosa verdad.
El viento aullaba a su alrededor, agitando violentamente su cabello, mientras Janiya permanecía allí, con aspecto tan frágil como un pájaro con las alas rotas, a punto de caer.
Ya no podía volar.
«Janiya…».
«Siento haberte metido en esto», susurró Janiya, con lágrimas corriendo por su rostro. «Pero echo de menos a Roy. Solo quiero volver a verlo».
Con una sonrisa débil y forzada, Janiya caminó hasta el borde del acantilado y, sin dudarlo un instante, saltó al abismo.
Nyla se quedó inmóvil, con la mirada fija en el acantilado vacío, donde solo el lúgubre aullido del viento llenaba el aire.
Sentía como si algo le hubiera agarrado el pecho, ahogándole los pulmones, impotente, ahogándose en una ola de dolor.
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En ese momento, el peso de la realidad se apoderó de ella. Era impotente, no podía salvar a nadie.
La mente de Nyla se quedó en blanco. No recordaba cómo había regresado a la pensión.
Mientras caminaba, intentó calmarse, procesar todo lo sucedido, pero su cuerpo temblaba incontrolablemente.
Lo que había presenciado era demasiado para comprenderlo.
En el momento en que entró en su suite, sintió como si toda su fuerza la abandonara. Se derrumbó en el sofá cerca de la puerta, agotada y cansada.
—¿Qué pasa? —preguntó Ethan, dándose cuenta inmediatamente de que algo no iba bien.
Ella levantó la vista y se encontró con su mirada, con los ojos llenos de dolor. —Janiya está muerta.
La expresión de Ethan cambió, y una pizca de sorpresa se dibujó en su rostro, como si no hubiera esperado ese desenlace.
—Saltó por un acantilado delante de mí —dijo Nyla con voz monótona, aunque teñida de impotencia—. No pude salvarla.
La imagen de Janiya de pie al borde del acantilado rondaba la mente de Nyla. El viento le agitaba el pelo, dejando al descubierto unos ligeros moretones en su pequeño cuerpo. Janiya había estado encarcelada y nadie sabía cómo había escapado, ni qué la había llevado hasta allí. Sus ojos estaban llenos de tristeza y las lágrimas le corrían por las mejillas.
Y, sin embargo, Nyla solo pudo quedarse mirando cómo caía.
No era que no quisiera salvar a Janiya, es que simplemente no podía.
El corazón de Janiya estaba destrozado sin remedio. Para ella, la muerte era una liberación del tormento.
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