No me dejes, mi querida mentirosa - Capítulo 782
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Capítulo 782:
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Sus brazos se enrollaron instintivamente alrededor de su cuello, atrayéndolo hacia ella. El tiempo que había pasado en su presencia le había enseñado que él sabía exactamente dónde tocarla, provocándole estremecimientos con la más mínima caricia.
Era consciente de su ubicación, y la creciente tensión hizo que apretara con más fuerza la camisa de él.
« «No… aquí no…», susurró, con voz teñida de urgencia y aprensión ante la posibilidad de que los descubrieran.
Su suave súplica avivó las llamas dentro de Ethan, intensificando su deseo.
Se detuvo, con sus profundos ojos sombríos ejerciendo una atracción casi gravitatoria, atrapando a Nyla con una sola mirada hipnótica.
En un instante, Ethan la condujo hacia adelante, dejando a Nyla desorientada al entrar en el ascensor privado del director general. No fue hasta que su espalda tocó la pared del ascensor y los labios de Ethan reclamaron los suyos con ardiente intensidad, que comprendió plenamente lo que estaba sucediendo.
Si el alcohol intensificaba las emociones, los coqueteos susurrados catalizaban los deseos tácitos. Una vez pronunciados, desencadenaban una cadena de acontecimientos incontrolables.
Los brazos de Nyla rodearon su cuello mientras sus fervientes besos se intensificaban, llevándolos desde el ascensor hasta la oficina del director general.
Sus labios nunca se separaron por el camino. Al llegar al salón, la puerta se abrió de par en par y Nyla se encontró tirada sobre la cama.
Antes de que pudiera calmar su acelerado corazón, Ethan ya estaba sobre ella, y la rápida escalada la dejó sin aliento y desorientada.
Entonces, con un solo toque, todo su ser se rindió a una euforia abrumadora.
Decidió dejar que sucediera, abrazando la intensidad del momento.
En la habitación suavemente en penumbra, sus cuerpos se movían como uno solo, sin que ninguno de los dos estuviera dispuesto a soltar al otro. Tras una prolongada acumulación de tensión, finalmente sucumbieron al peso de su pasión.
Desde la cama hasta el escritorio, la alfombra y la pared, y finalmente hasta el cuarto de baño, su fervor no conocía límites.
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Cada movimiento se difuminaba en el siguiente: agarrarse, arrodillarse, entrelazar las piernas, envolverse alrededor de él, sin cesar y sin descanso.
Cuando la última ola alcanzó su punto álgido y se calmó, los consumió por completo, sin dejar lugar a dudas ni remordimientos.
Cuando Ethan sacó a Nyla del cuarto de baño, su piel brillaba con un profundo rubor, una constelación de marcas de besos esparcidas por todo su cuerpo. Su propia espalda mostraba las secuelas de su pasión, entrecruzada con arañazos que decían mucho de la intensidad de su encuentro.
Con una mirada de satisfacción, Ethan la acunó con ternura y la acostó con cuidado en la cama. Recordando a Charlotte, que seguía jugando en la sala de descanso, envió rápidamente un mensaje a Jackson, indicándole que la llevara de vuelta a la villa.
En ese momento, el teléfono de Nyla vibró suavemente.
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