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Capítulo 621:
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«Déjame ir». Ella apartó la cara, frunciendo los labios en un mohín que pretendía transmitir enfado, pero que solo conseguía hacerla parecer irresistiblemente nerviosa.
Ethan se detuvo, su mirada se suavizó mientras la observaba.
Hacía mucho tiempo que no la veía así, sonrojada y vulnerable, una imagen de delicado encanto.
Inclinándose hacia ella, sus ojos oscuros la cautivaron, con una tormenta de emociones arremolinándose en sus profundidades.
A diferencia del día anterior, la mente de Nyla estaba ahora completamente despejada.
El silencio de la habitación amplificaba el sonido de su corazón martilleando contra su caja torácica, cada latido como un tambor atronador.
—Eres cruel, Nyla —murmuró Ethan, con voz baja y acusadora, pero con un tono casi juguetón—. Me utilizaste y luego me dejaste de lado. No es justo, ¿verdad?
Nyla tragó saliva con dificultad y sus palabras titubearon. —Yo no…
—¿No? —la interrumpió Ethan con suavidad, con un tono engañosamente tranquilo—. Dijiste que te ibas.
Había algo en su voz, una atracción tan magnética que Nyla se sintió atraída a pesar de sí misma.
Ella comenzó a hablar, pero sus palabras se apagaron cuando Ethan acortó la distancia entre ellos y capturó sus labios en un beso que no era apresurado ni desesperado, sino intensamente ardiente, una declaración de todo lo que sentía pero no había dicho en voz alta.
Sus dedos se entrelazaron, el beso se hizo más profundo y los consumió a ambos en su ardiente abrazo.
Pero justo cuando Nyla comenzaba a perderse en el momento, Ethan se apartó. Ella parpadeó, aturdida. —¿Hmm?
Ethan se rió suavemente, con voz burlona. —¿Quieres más?
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—¡No! —exclamó Nyla, tirando de la manta sobre su cabeza, completamente avergonzada.
Momentos después, el sonido de la puerta al abrirse llamó su atención. Asomándose con cautela, vio a Ethan regresar con una caja de comida para llevar en la mano.
Antes de que pudiera levantarse, él ya había puesto la comida sobre la mesa, y la habitación se llenó del dulce aroma de una comida que hizo que su estómago rugiera audiblemente.
Ethan sonrió, tendiéndole una cuchara.
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