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Capítulo 498:
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Su vida lo había llevado a un punto en el que no había forma de seguir adelante.
Aunque estuviera furioso y casi quisiera matar a Ava por traicionarlo tan profundamente, no podía hacerlo. Ni siquiera podía considerar la idea.
Solo pensar en su muerte le hacía temblar el corazón.
¿Realmente la odiaba?
Mientras ardía bajo los efectos del alcohol, la puerta de su dormitorio se abrió de golpe.
Una mujer entró en la habitación, miró a su alrededor y luego fijó su mirada en él.
Él la miró con el ceño fruncido.
—¿Freya?
Freya cerró la puerta y corrió hacia él. Se arrodilló y lo abrazó por el cuello.
Empezó a llorar.
—Ian.
Él estaba borracho, pero no hasta el punto de no poder controlarse.
—¿Qué ha pasado?
Su voz fría la hizo apartarse del abrazo. Ella sollozó, bajando la cabeza.
Él le agarró la mandíbula y le levantó la barbilla. Sus ojos se fijaron en sus lágrimas.
«¿Qué pasa?», preguntó, con un tono ligeramente más suave.
Ella se secó las lágrimas y murmuró sin mirarlo.
«Él… me ha quitado todos mis proyectos, Ian. Estoy perdida».
Ian ya lo sabía. Dane se lo había mencionado ese mismo día. Ian le había dicho que no jugara con Freya, pero parecía que Dane había decidido hacerla sufrir.
«Deja de llorar. No se me da bien calmar a las mujeres», dijo, soltándole la barbilla.
Freya lo miró, parpadeando. Se mordió el labio inferior al recordar cómo otra persona solía consolarla cada vez que lloraba.
Ese hombre siempre la trataba como a una princesa. Pero Ian era tan frío que ni siquiera parecía importarle.
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Ella negó con la cabeza, dándose cuenta de que había empezado a comparar a Ian con Dane. Había venido aquí sabiendo que Ian no era Dane.
¿Cómo podía esperar que fuera otra persona?
«No te preocupes. Ahora tu nombre está vinculado al de Ian Dawson. Nadie se atreve a ofenderme. Recuperarás todos tus proyectos».
Al escuchar sus palabras tranquilizadoras, Freya se sintió aliviada. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras contemplaba sus hermosos rasgos.
Ella notó que él levantaba la botella y se bebía el contenido. El movimiento de su nuez la hizo acercarse. Le puso la mano en el pecho y empezó a jugar con el botón de su camisa. Él ladeó la cabeza para mirarla a la cara.
A medida que Freya se acercaba, comenzó a desabrocharle la camisa.
Inclinó la cabeza y le besó en la mejilla. Acercando sus labios a la boca de él, le susurró:
«Han pasado seis meses desde que decidimos vivir juntos en el futuro. Pero nunca has intentado besarme».
Cerró los ojos, sabiendo que sus labios estaban a solo unos centímetros de distancia. Justo cuando sus labios estaban a punto de tocar los de él, él le agarró la mandíbula y la detuvo.
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