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Capítulo 488:
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Dane había cortado cruelmente todo su trabajo, boicoteándola prácticamente en todas partes. En ese momento, solo las empresas afiliadas a la compañía de Ian estaban negociando con ella.
Ava intentó convencerse de que se trataba de acuerdos exclusivos, pero no pudo evitar sentir lástima por Freya. Si Freya se enteraba, acudiría a Dane llorando.
Veinte minutos más tarde…
Ava miró su reloj. Pensó que debería ir a la cafetería y tomar algo.
Subió al segundo piso y se dirigió hacia la cafetería.
Al pasar por delante de unas cuantas habitaciones, de repente una mano la agarró y la empujó dentro de una habitación completamente a oscuras.
Sin entender lo que estaba pasando, Ava soltó un grito ahogado.
Cuando se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada, intentó liberar su mano.
Sus ojos se abrieron como platos mientras su espalda se presionaba contra la pared.
«¿Quién demonios…?»
Gritó enfadada, pero una mano le tapó rápidamente la boca.
Al sentir el tacto familiar, se calló de inmediato. Se dio cuenta de que había estado tan sorprendida que se había olvidado de notar el aroma familiar.
El aroma llegó a sus fosas nasales, calmando su corazón acelerado.
En la habitación oscura, el silencio la consumió.
Sabía quién era esa persona.
«Mmmmm».
Intentó hablar, pero la mano volvió a presionar con fuerza su boca, obligándola a callarse.
Un flashback de recuerdos pasados inundó su mente.
Recordó estar en una habitación oscura, asustada, incapaz de salir. Era un reto que había querido completar. Se sobresaltó por un ruido y casi se cae tras tropezar con algo en el suelo. Pero una mano la agarró por la cintura y encendió un mechero para iluminarla.
Recordando ese momento de hacía cuatro años, Ava parpadeó en la oscuridad.
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La estrechez de la habitación la abrumó, recordándole un pasado que había intentado dejar atrás hacía años.
Inesperadamente, una llama apareció frente a su rostro, iluminando los alrededores.
El hombre que tenía delante entró en su campo de visión. Sus ojos se congelaron al encontrarse con la oscura mirada de él.
Mirándola fijamente a los ojos, le preguntó
«¿Sigues teniendo miedo a la oscuridad?».
Ava parpadeó al oír la voz de Ian. Se dio cuenta de que había muchas cosas sobre ella que él no sabía. Todo había cambiado en cuatro años.
Pero le sorprendió que él aún recordara que ella tenía miedo a la oscuridad.
Recordó que una vez le había dicho:
«Ven a mí cada vez que sientas miedo de la oscuridad. Siempre estaré ahí para ti».
El rostro de Ava se volvió frío mientras apartaba esos viejos recuerdos. Él era el hombre que la había sumido en la oscuridad, la oscuridad de la que había necesitado tres años y medio para escapar.
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