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Capítulo 214:
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La luz del sol era intensa y dorada al atardecer, y la mañana llegó brillante y soleada.
Un golpe en la puerta despertó a Ava. Se frotó los ojos y se sentó en la cama. Alguien volvía a llamar. Bostezó, se levantó y abrió la puerta.
Allí estaba su madre.
«Buenos días, cariño».
«Buenos días, mamá».
Ava abrazó a su madre. Su madre le devolvió el abrazo con una cálida sonrisa y una suave palmada en la espalda.
«¿Estás bien, Ava?».
Al oír la pregunta de su madre, Ava rompió el abrazo y comprobó discretamente si su ropa se había desplazado de su cuello. Anoche, se había puesto una camiseta de cuello alto antes de acostarse.
«Estoy bien, mamá», respondió.
«Pensé que algo andaba mal, así que vine a ver cómo estabas».
«¿Por qué?
Porque nunca duermes hasta tan tarde».
Ava frunció el ceño y giró la cabeza para mirar la hora en el reloj de pared. Se sorprendió al ver lo tarde que era. Ya había perdido la mitad de sus clases.
«¡Oh, mierda!».
Recordó que había dejado su teléfono en casa de Ronald durante la fiesta de la noche anterior. Sin la alarma, no se había despertado temprano.
Se apresuró a entrar en su habitación.
«He perdido las clases, mamá. Déjame prepararme primero».
Su madre se rió de su reacción.
—Te estamos esperando afuera.
Ava se detuvo y se volvió para mirarla.
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—¿Nosotros? ¿Papá está en casa?
Su madre asintió con la cabeza.
—Stephen también está en casa.
—Espera, ¿por qué? ¿Hoy es fin de semana? —preguntó Ava con expresión confundida.
Su madre se rió y negó con la cabeza.
—No. Pero tenemos algo que decirte a ti y a Stephen, así que Harper le pidió que viniera a casa un rato.
Ava se preguntó de qué querrían hablarles.
Después de que su madre se marchara, se dio una ducha rápida.
Al salir del baño, se puso una falda y un top de cuello alto. Sin secarse el pelo, se calzó unas zapatillas blancas y salió de su habitación.
Al bajar las escaleras, vio que todos estaban ya sentados a la mesa.
«Desayuna con nosotros», le dijo Harper.
Ava se sentó junto a Stephen y le miró con una ceja levantada, preguntándole en silencio si sabía lo que estaba pasando. Stephen negó con la cabeza, indicando que no lo sabía.
Sus padres se dieron cuenta del intercambio y se sonrieron.
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