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Capítulo 827:
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Después de todo, Vivian ya había examinado esas imágenes ella misma; no había nada en ellas que la relacionara directamente con el empujón. Nadie podía probar que ella hubiera agarrado deliberadamente la mano de Brandon en el momento perfecto para empujar a Millie por las escaleras.
Ni Millie. Ni Alexia. Ni siquiera el propio Brandon.
El plan se había ejecutado a la perfección, y Vivian lo sabía.
Cuanto más lo repasaba en su cabeza, más convincente le parecía su propia «inocencia».
Volviéndose hacia la cámara más cercana, Vivian puso una mirada cansada y con los ojos enrojecidos. «¿Y ahora qué, Millie? ¿Por qué no ha habido ni una sola actualización de tu cuenta? ¿Tenía razón después de todo?».
Su actitud lastimera avivó el frenesí, y sus seguidores captaron la indirecta al instante.
«¡Millie, explíquese!».
«¡Pídele perdón a Vivian, Millie!».
La demanda de respuestas explotó tanto en Internet como entre la multitud presente en el lugar.
Los que no eran leales a ninguno de los dos bandos se inquietaron, preguntándose lo mismo: ¿dónde estaba Millie?
Aún no había compartido ninguna actualización y ya había pasado el mediodía hacía varios minutos.
Justo cuando la gente empezaba a murmurar que Millie se había echado atrás, de repente se produjo un gran revuelo frente a Vivian Floral Design.
Las cabezas se giraron mientras se extendían los murmullos.
Una multitud considerable comenzó a acercarse al lugar. Pidieron a los espectadores que se apartaran y despejaran el paso.
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«Oigan, ¿qué está pasando?».
«¿Por qué tenemos que apartarnos?».
Pero cuando Millie apareció en medio de esa formación, flanqueada por guardaespaldas, la multitud se apartó instintivamente.
Parecía que Millie no había decidido responder por Internet. Había venido a enfrentarse a Vivian cara a cara.
Flanqueada por guardaespaldas, Millie siguió adelante.
Le llevó un rato abrirse paso entre la multitud, pero al fin se detuvo frente al estudio de Vivian.
Sus ojos se fijaron en Vivian mientras hablaba con claridad. «Estoy aquí».
No había retroceso en su voz.
La multitud se agolpaba, y el entusiasmo crecía por segundos. Vivian apretó la mandíbula. Estaba segura de que Millie no se atrevería a aparecer. Pero no importaba: Vivian estaba convencida de que seguiría saliendo ganando.
«Millie…», dijo, esbozando una frágil sonrisa, con todo el aspecto de una víctima.
En marcado contraste, la expresión de Millie era indescifrable, despojada de todo excepto de una tranquila determinación.
Sostenía el expediente con firmeza en la mano, sin apartar los ojos de Vivian.
—Vivian —preguntó con voz tranquila—, ¿has pensado en ello? ¿Admitirás tu culpa?
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