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Capítulo 629:
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Y aún podía oír sus palabras en la gala benéfica, cuando estaban juntos en la terraza del jardín.
«Sr. Watson, no debería dejar que su preocupación se extienda más allá de su pareja, o acabará traicionándola. Eso solo le rompería el corazón. Algunas personas no importan, Sr. Watson, pero otras sí. Y si alguien importante decide marcharse, es posible que nunca tenga una segunda oportunidad».
Era él. Él era quien la había estado lastimando una y otra vez, hasta que la tristeza era lo único que le quedaba.
Estaba tan destrozada, tan enferma, pero no se lo había contado a nadie. Había intentado curarse en silencio, sin llamar la atención. Como ambos querían tener un hijo, se había negado a tomar la medicación que podría haberla ayudado. Mientras tanto, Vivian había fingido estar deprimida solo para atraer su atención hacia ella y evitar que la culparan.
La verdad era brutal: Millie era la que estaba realmente enferma.
Si ese empleado del archivo no hubiera cometido ese descuido, Brandon seguiría sin saberlo.
Mientras ella luchaba contra su enfermedad, ¿qué había estado haciendo él?
Una risa amarga escapó de sus labios.
Él solo había empeorado las cosas para ella, añadiendo más peso al que ya llevaba.
De hecho, era culpa suya que ella hubiera enfermado en primer lugar.
Brandon hojeó los registros, buscando la fecha de su primera cita. Mientras lo hacía, su mente comenzó a buscar en su propia memoria, tratando de precisar lo que había sucedido durante ese tiempo, algo que debió haberla destrozado por completo, llevándola a buscar ayuda cuando los síntomas ya no podían ignorarse.
Sus pensamientos divagaban, trayendo recuerdos uno tras otro. Era como si el tiempo retrocediera. Cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que ella se había ido alejando de él poco a poco.
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Finalmente, pudo identificar el momento exacto en el que algo en ella había cambiado. Sus ojos, que antes estaban completamente llenos de él, habían comenzado a perder su brillo. La calidez se había desvanecido, sustituida por una silenciosa decepción. Y, finalmente, ella lo había dejado para siempre.
Todo había empezado a desmoronarse hacía aproximadamente un año. Ella se había acercado a él con el teléfono en la mano y le había dicho que tenían que hablar.
«Brandon, me ha enviado un mensaje». Ese día llevaba un vestido largo blanco y el pelo liso y suelto sobre los hombros. En apariencia, parecía tranquila, pero su voz tenía un ligero tono de nerviosismo.
Extendiendo su teléfono, dijo: «Brandon, necesito que me expliques esto. He oído rumores sobre ti y esa florista, Vivian. Y ahora ella misma me ha enviado un mensaje. Es una provocación directa».
Apenas había echado un vistazo a la pantalla cuando la irritación se apoderó de él.
«No tenía por qué enviarte nada. Millie, ¿qué te pasa últimamente? Siempre estás así. ¿Sabes lo agotador que es?».
«Este es el mensaje que me envió. ¿Y crees que estoy exagerando?». Sus ojos se enrojecían mientras insistía. «No paro de recibir mensajes de ella… con fotos de vosotros cenando juntos, saliendo juntos y otras cosas». Su voz se había vuelto más aguda. «Brandon, mi marido está rodeado de rumores, y una mujer como esa tiene el descaro de provocarme directamente. ¿Cómo se supone que voy a ignorarlo?».
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