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Capítulo 1411:
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La policía finalmente abrió de un tirón la puerta retorcida y se abrió paso entre el caos, gritando órdenes.
«¡Deprisa! ¡Sacadlos!».
La multitud se puso en movimiento.
Ari, que aún podía moverse, fue sacada primero. Luego, Myron y Millie, inconscientes y pesados en sus brazos, fueron llevados después de ella.
Brandon yacía un poco más adentro, inmóvil. Tenía la pierna torcida en un ángulo antinatural.
Dos regueros de sangre marcaban el camino de vuelta al caos: uno de la desesperada huida de Myron y otro de la lucha de Brandon por arrastrarse.
Unas manos alcanzaron a Brandon y lo llevaron a un lugar seguro.
Algunas personas intentaron instintivamente volver a entrar —todavía quedaban dos personas más dentro—, pero un rugido repentino las paralizó en el acto.
¡Boom!
Se produjo una reacción en cadena.
Los barriles de petróleo detonaron en rápida sucesión, lanzando fuego y escombros hacia afuera.
Una enorme columna de llamas se derrumbó, bloqueando cualquier intento de adentrarse más en la fábrica.
«¡No podemos entrar! ¡Se ha derrumbado!», gritó alguien.
«¡Retirada, ahora!», gritó otro, empujando a los supervivientes hacia la salida.
Cada gramo de fuerza, cada latido del corazón, llevó al equipo de rescate a través de esos últimos y aterradores momentos. Arrastraron a Brandon justo cuando la última explosión retumbó detrás de ellos.
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¡Boom!
La onda expansiva los lanzó varios metros, y sus cuerpos se estrellaron contra el suelo chamuscado.
Cuando el mundo finalmente se calmó, toda la fábrica era un infierno rugiente, con las llamas devorando todo lo que había dentro.
«¡Deprisa! ¡Médicos, más rápido!».
La escena fuera de la fábrica en llamas era un caos total. Los servicios de emergencia se apresuraron a entrar, levantando a los heridos con urgencia y destreza, como si cada segundo pudiera inclinar la balanza entre la vida y la muerte.
Los tres adultos habían perdido el conocimiento. Incluso Ari, que se había mantenido en pie gracias a su fuerza de voluntad, se derrumbó en el momento en que vio a Alexia y a los demás corriendo hacia ella.
En el instante en que Alexia vio sus cuerpos maltrechos, sus piernas se doblaron y cayó al suelo.
Y Millie… su estado fue como un golpe. Tenía el cuerpo cubierto de heridas, la espalda desgarrada, en carne viva y sangrando.
«Millie…», Alexia se obligó a avanzar, con las manos temblando violentamente.
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