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Capítulo 1410:
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No podía perderla, ni ahora ni nunca.
Con Ari pisándole los talones, Myron se dirigió a grandes zancadas hacia la salida, cada paso una batalla contra el dolor que le desgarraba el cuerpo.
Al salir, apartó de una patada los escombros que atrapaban a Brandon, sin prestarle más que una breve mirada.
La mirada de Brandon se dirigió hacia los gritos lejanos de Macauley, con confusión y conmoción reflejadas en su rostro manchado de hollín.
Pero Myron siguió avanzando.
El suelo estaba cubierto de un rastro de sangre, la suya y la de Millie, que brillaba bajo la furiosa luz del fuego.
La puerta de salida se alzaba ante él, destrozada pero aún en pie. Se oyeron ruidos ásperos y chirriantes cuando la policía hizo palanca en el metal retorcido, ampliando el hueco centímetro a centímetro.
—¿Myron? —La voz de Lynda atravesó el caos—.
«¿Los has sacado? ¿Están a salvo?».
No pudo responder.
Tambaleándose, casi deja caer a Millie, pero se salvó al caer de rodillas y apoyarse contra el suelo.
«¡Agente! ¡Todavía hay tres personas dentro! ¡Por favor, salve a mi madre y a mi padre, están perdiendo mucha sangre!», gritó Ari, con voz aguda y llena de pánico.
Se oyeron interferencias en las radios. Lynda recorrió la escena con la mirada, con el corazón latiéndole con fuerza, mientras cogía su propia radio.
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«¡Brandon! ¿Me oyes? Soy Lynda. ¿Cómo va todo por allí?».
La respuesta fue puro caos: más estática, maldiciones ahogadas, gritos lejanos, el duro sonido del metal… Una tormenta auditiva que le revolvió el estómago.
¡Boom!
La explosión sacudió el suelo bajo sus pies.
La visión de Myron se volvió borrosa, la oscuridad se apoderó de los bordes, hasta que una figura se tambaleó hacia la luz del fuego.
Brandon.
Su rostro era una máscara de sangre y arena, retorcido por el dolor. Los ojos de los dos hombres se encontraron y, en ese intercambio silencioso, hubo comprensión: Brandon había atado todos los cabos sueltos.
¡Boom!
Otra explosión rasgó la noche y la onda expansiva desequilibró a Myron.
Se derrumbó, aferrándose a Millie mientras el mundo se tambaleaba a su alrededor.
—¡Papá! —La voz de Ari atravesó el aire, cruda y desesperada. Se lanzó sobre ellos, rodeando con sus pequeños brazos a Myron y Millie con feroz determinación.
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