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Capítulo 1354:
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Millie apretó los ojos con fuerza, mientras los recuerdos de la mirada lasciva de Hayden de hacía años se apoderaban de su mente.
Las palizas no eran más que una máscara para ocultar su obsesión, una cruel tapadera para la forma en que la observaba, codiciando cada uno de sus movimientos, cada uno de sus gestos.
Ella quería huir, agarrar a su madre y escapar, pero sus súplicas siempre eran malinterpretadas.
Incluso ahora, Nicole se negaba a dejar que la llamara «mamá», un duro recordatorio de la brecha que las separaba. Sin embargo, Millie no se atrevía a decir la verdad, por miedo a destrozar completamente a Nicole.
Cuando James murió y Nicole luchaba por criar a Millie sola, una vez se paró con su hija al borde de un puente sobre el río.
Un paso y todo podría haber terminado.
Permanecieron allí lo que pareció una eternidad, hasta que Nicole finalmente decidió no renunciar a todo. Tres días después, Nicole se casó con Hayden.
Millie nunca había sido capaz de contárselo todo a Nicole.
Tenía demasiado miedo.
La tristeza la invadió por completo y las lágrimas resbalaron por sus mejillas.
Una mano se las secó.
Millie supo sin mirar que era Brandon. Giró la cabeza instintivamente, rechazando su contacto.
—Millie —dijo Brandon con suavidad, con voz firme a pesar de la tensión—.
—Estas fotos no lo revelan todo, pero su divulgación es peligrosa. A la gente le encanta cotillear. Si se hacen públicas… ¿qué dirán? Distorsionarán la verdad, inventarán mentiras sobre ti y tu madre. No me importan Hayden, Vivian o Macauley, pero ¿los rumores? Podrían destruirte. No puedo quedarme de brazos cruzados y ver cómo eso ocurre.
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Brandon observó a Millie llorar en silencio contra el cabecero y, a pesar de su contención, sus propias mejillas brillaban con lágrimas.
La habitación estaba en penumbra, a pesar de que era pleno día.
Afuera, las ramas se balanceaban con el viento y sus sombras se deslizaban por las paredes como olas inquietas, haciéndose eco de la agitación en el pecho de Millie. Ella las miraba, sin saber muy bien qué sentía.
Lo único que sabía era el peso que sentía en el corazón, la desesperanza que la oprimía hasta hacerle difícil respirar.
—Millie —dijo Brandon, con la voz cargada de angustia—, esto es todo lo que quería decirte. Esta es la carga que he estado llevando solo. Quería arreglarlo todo antes de hablar, pero… —Se calló, con un dolor inconfundible—.
—Me sobreestimé. Ya lo he intentado dos veces y sigo sin poder atrapar a Macauley.
Millie no le miró a los ojos. Siguió fijando la vista en las sombras cambiantes, con una pena demasiado grande como para moverse.
«Millie…». Brandon le tomó el rostro entre las manos y lo inclinó suavemente hasta que ella no tuvo más remedio que mirarlo.
«Me entiendes, ¿verdad?».
Los ojos de Millie finalmente se encontraron con los suyos y, en ese instante, algo indescriptible pasó entre ellos.
«Millie… respóndeme», la instó Brandon con voz suave, en una súplica desesperada.
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