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Capítulo 1351:
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«Han abandonado la ciudad», informó Lynda.
«La cámara del puente sobre el río captó el coche de Brandon».
«¿En qué dirección?», preguntó Myron. Apretaba el volante con tanta fuerza que se le marcaban las venas del dorso de la mano.
«Espera, hay otro coche», dijo Lynda.
«Myron, dame un momento. Varios coches idénticos han abandonado la ciudad en diferentes direcciones. Necesitamos tiempo para confirmar cuál lleva a Brandon y Millie».
—¡Bang!
Myron golpeó el volante con frustración, haciendo sonar accidentalmente la bocina.
—Bip…
Cogió su teléfono una y otra vez, llamando a una persona tras otra, ordenándoles que cubrieran todas las rutas posibles que salían de la ciudad.
Tenían que encontrarla pronto.
Una lágrima le resbaló por la mejilla. Odiaba esa impotencia, esa sensación nauseabunda de no poder proteger ni siquiera a la mujer que amaba.
Le hacía sentir tan frágil como cuando era niño.
«Millie… ¿dónde estás…?»
Mientras tanto, Millie tenía las manos esposadas con fuerza a la espalda y estaba inmovilizada en el asiento trasero del coche de Brandon. Tenía la boca tapada con cinta adhesiva de tal manera que ni siquiera podía susurrar.
Golpeó la puerta con el talón una y otra vez, poniendo toda su fuerza en ello, pero no consiguió moverla.
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«¡Mmm!».
Intentó gritar, pero Brandon mantuvo la vista fija en la carretera, ignorándola por completo.
Myron debía de estar desesperado a estas alturas. Todos los que estaban en el recinto también debían de estar buscándola: Alexia, Charles, Giffard…
Y Ari.
¿Estaría Ari aterrorizado?
Esa idea impulsó a Millie a luchar aún con más fuerza. Pateó el respaldo del asiento delantero con todas sus fuerzas.
Solo entonces Brandon la miró por el espejo retrovisor.
Sus miradas se cruzaron en el cristal.
Con los ojos enrojecidos, Brandon murmuró: «Millie, no me guardes rencor. No puedo quedarme de brazos cruzados y ver cómo te casas con él».
«¡Mmm!», Millie volvió a dar una patada.
Esta vez, Brandon no reaccionó en absoluto.
El movimiento solo tiró de sus brazos, que estaban fuertemente atados a la espalda, provocándole un agudo dolor en los hombros. El dolor era tan intenso que se le llenaron los ojos de lágrimas.
A través de la neblina, vio que el coche se adentraba en una zona desierta, con la carretera extendiéndose hacia las montañas. No había cámaras de seguridad por allí.
Eso significaba que encontrarla sería aún más difícil.
Brandon la miró de nuevo por el espejo, y sus pensamientos lo llevaron de vuelta a lo que había sucedido apenas treinta minutos antes.
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