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Capítulo 229:
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Su acusación hizo que la multitud intercambiara miradas inciertas. Hacía unos momentos, habían quedado impresionados por la presencia dominante de Henrik, pero ahora sus palabras sembraban la semilla del escepticismo.
Si Lisbeth realmente tenía pruebas en vídeo, tal vez no se lo estaba inventando. ¿Podría haber algo de verdad en sus afirmaciones? ¿Era posible que Khloe hubiera contratado a un actor para las apariencias?
Las compañeras de clase intercambiaron miradas incómodas, y una murmuró: «Si hay pruebas, tal vez Khloe nos esté engañando».
Otra intervino a la defensiva: «O tal vez sea modesta. Mírala. Khloe es deslumbrante y elegante. No es de extrañar que tenga un prometido tan increíble».
Lisbeth se burló, con un tono lleno de desdén. «Quizá solo esté haciendo esta payasada para presumir y quedar bien».
Intuyendo una oportunidad, Jada intervino: «Khloe, vamos. Nos conocemos desde hace años, no hay necesidad de seguir fingiendo. Claro, es tu vida privada, pero mentir no es la forma de manejar las cosas».
Juntas, Lisbeth y Jada alimentaron las sospechas, reforzando la idea de que Khloe estaba inventando una mentira.
La expresión de Khloe se volvió gélida cuando su mirada aguda se clavó en Lisbeth. Ahora entendía los implacables ataques de Lisbeth. Sloane tenía que estar moviendo los hilos. Claramente, su advertencia anterior no había sido suficiente, y Lisbeth se había vuelto más audaz en su desafío.
En ese momento, Clinton dio un paso adelante. Tras una breve pausa, su mirada pasó de Khloe a Henrik antes de saludar: «Tío Henrik».
La sola palabra «tío» cayó como un rayo, aturdiendo a todos. Sus ojos se lanzaron de Clinton a Henrik, llenos de sorpresa y confusión.
«Espera… ¿Clinton acaba de llamarlo «tío»? ¿Qué está pasando aquí?», espetó alguien incrédulo.
Todos sabían que Clinton pertenecía a la familia Watson. Aunque no era de la rama principal, su conexión con un nombre tan poderoso era innegable. Para que Clinton usara un término tan respetuoso, Henrik no podía ser un actor contratado.
Jada se quedó boquiabierta, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Hacía solo unos momentos, se había estado burlando en silencio de la actuación de Khloe, pero ahora la verdad inesperada la dejó completamente atónita. Lisbeth estaba igualmente atónita. Después de acusar en voz alta a Khloe de mentir, el discurso de Clinton la dejó completamente sin palabras. ¿Cómo era posible? Sloane le había asegurado que Khloe confiaba en un hombre mayor, alguien a quien se deshacía fácilmente.
«Un momento…». La mujer que había preguntado antes por el prometido de Khloe miró ahora entre Clinton y Henrik, con la voz temblorosa. «Señor Watson, ¿no es usted amigo del presidente? ¿No le dio las gracias personalmente el presidente durante la toma de posesión hace tres años?».
«Ese sería yo», afirmó Henrik con un asentimiento sereno.
La multitud volvió a quedarse en silencio, completamente atónita por la confirmación de Henrik. Sus miradas permanecieron fijas en él, rebosantes de asombro e incredulidad.
«¿Es amigo del presidente? ¡Es increíble!», susurró alguien con voz entrecortada por la sorpresa.
Jada se quedó completamente muda, con la mente dando vueltas para procesar la revelación. Ni en sus sueños más descabellados pensó que el prometido de Khloe tuviera un pasado tan extraordinario. ¿Recordaría Khloe sus insultos anteriores?
El rostro de Lisbeth se quedó pálido. La gravedad de su situación la golpeó con fuerza. Había tratado a Khloe como un blanco fácil, alguien a quien podía humillar libremente. Pero ni en sus peores pesadillas esperaba que el prometido de Khloe ejerciera una influencia tan inmensa.
«¡No! ¡Esto no puede ser verdad! ¡Estás mintiendo!», protestó Lisbeth, negando con la cabeza. Sin embargo, en el fondo, sabía la amarga verdad: Sloane la había engañado por completo.
Henrik no era un hombre corriente, y su destino estaba sellado.
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