Mi hermana se robó a mi compañero y se lo permití - Capítulo 154
✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
📖 ¡Nuevas novelas cada semana!
🌟 Únete a Nuestra Comunidad
📱 Tip: Toca el menú de tu navegador → "Añadir a pantalla de inicio" ¡y accede como si fuera una app!
Capítulo 154:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La voz de Ethan estaba entrecortada, presa del pánico. «Kieran, tienes que ir al hospital. Ahora mismo».
Mi cuerpo se quedó inmóvil. «¿Qué? ¿Por qué?».
«Es Celeste. Ella… ha tomado algo. ¡Ha intentado suicidarse, Kieran!».
Toda mi furia se desvaneció y se me heló la sangre.
La voz de Ethan se quebró. «Ha dejado una nota y todo».
No podía respirar. Todo dentro de mí se detuvo. Sentí como si el tiempo se hubiera fragmentado.
Sera y Lucian parecían haber dejado de existir detrás de mí.
Mi rabia se evaporó y el miedo que había sentido al ver a Sera correr hacia la carretera se triplicó, convirtiéndose en un temor enfermizo y vacío.
«Ya voy», murmuré y colgué.
Me volví hacia Sera y Lucian y sentí… vergüenza.
Lo había vuelto a hacer. Había dejado que Sera me abrumara por encima de todo lo demás.
Ahora era cuestión de vida o muerte. Otra vez.
Esta vez, era Celeste quien necesitaba ser salvada.
PUNTO DE VISTA DE KIERAN
El pasillo del hospital apestaba a antiséptico y terror. Cada paso hacia la habitación de Celeste me parecía como si estuviera caminando hacia una ejecución, una que yo mismo había organizado.
Las palabras del médico aún resonaban en mis oídos. «Su lobo se está deteriorando rápidamente. Cualquier inestabilidad emocional adicional podría causar un daño irreversible. No la provoques».
Quería gritar, pero no al médico, ni a Ethan, ni siquiera a Celeste. Quería gritarme a mí mismo. A la tormenta que se desataba dentro de mi maldito pecho.
Ethan caminaba en silencio a mi lado. Su postura era rígida, cautelosa, como si supiera que apenas podía aguantar.
Capítulos recién salidos en ɴσνєℓα𝓼4ƒαɴ.ç𝓸𝗺 sin censura
Y, por Dios, no tenía ni puta idea. No había visto cómo casi me abalanzaba sobre Lucian, no había oído las cosas que le había dicho a Seraphina, palabras y acciones que ahora sabían a arrepentimiento oxidado. Empujé esos pensamientos al rincón más profundo de mi mente.
Celeste era más importante que cualquier otra cosa en ese momento. Estaba al borde del abismo, y yo era tanto quien la había empujado hasta allí como lo único que la mantenía atada al borde.
Me preparé antes de entrar en su habitación, como si estuviera entrando en un campo de batalla en una guerra para la que no estaba preparado.
Parecía tan frágil en la cama.
Al parecer, había bebido de una botella de lejía que un limpiador descuidado había dejado en su cuarto de baño, y lo que había comenzado como una estancia de una noche después de desmayarse se había convertido en una hospitalización indefinida.
Le habían realizado una irrigación oral y ahora estaba conectada a un gotero. El médico nos aseguró que ya estaba fuera de peligro y que lo peor por lo que teníamos que preocuparnos era su estado mental.
Abrió los ojos cuando cerramos la puerta detrás de nosotros y una sonrisa lenta y cansada se dibujó en sus labios, que, sorprendentemente, estaban brillantes.
—Hola, hermana —dijo Ethan en voz baja, acercándose a ella.
Yo dudé. Los cables, la vía intravenosa, el tubo de oxígeno… era demasiado.
—¿Kieran? —Ethan me lanzó una mirada significativa y me obligué a moverme.
.
.
.