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Capítulo 1474:
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Me rodeó la cintura con un brazo y me atrajo hacia su regazo con una gracia tranquila y sin prisas. Con delicadeza, me apartó un mechón de pelo suelto detrás de la oreja y dejó allí sus dedos.
—¿Estás segura? —preguntó.
—Sí —dije, recostándome contra su tacto, dejando que me anclara y mantuviera a raya esa imagen aterradora.
Asintió lentamente.
—De acuerdo.
El alivio me golpeó con fuerza. Cerré los ojos y me incliné hacia delante, apoyando mi frente contra la suya.
—Vamos a superar todo esto —murmuró, con su aliento cálido contra mis labios.
Asentí, sin fiarme de mi voz.
Bajo el alivio, el miedo seguía ahí, agazapado y a la espera.
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Lo quisiera o no, el camino que acababa de mostrarme seguía ahí.
Esperando.
PUNTO DE VISTA DE SERAPHINA
En los días que siguieron, el claro detrás de la casa del árbol de Daniel se convirtió en algo completamente distinto.
Ya no era solo un lugar tranquilo escondido en los límites de Nightfang. Ahora bullía de propósito, de tensión, de ese tipo de vigilancia silenciosa que no permite a nadie descansar de verdad.
Si hubiera otra manera —si hubiera siquiera la más mínima posibilidad de evitar lo que fuera que yacía enterrado bajo las ruinas de la línea real—, la encontraría.
Y eso significaba arreglar a Aaron.
Alois, Corin y yo practicábamos noche tras noche, con la luna como nuestra testigo constante, perfeccionando la delicada y peligrosa tarea de navegar por una mente fracturada sin destrozarla aún más. Bajo su guía, aprendí a sentir la diferencia entre un recuerdo que podía volver a encajar en su lugar y uno que se astillaría bajo presión —a deslizar mi poder a través de las grietas sin forzarlo, sin provocar un colapso.
Cada sesión me dejaba más agotada que la anterior, pero también más segura de mis habilidades, más arraigada en mi poder.
Cuando llegó el momento, estaba preparada.
Aaron estaba sentado en el centro de nuevo, igual que antes, pero ahora la diferencia era imposible de pasar por alto.
Ya no estaba vacío. No del todo.
Su mirada ya no vagaba por el mundo sin ver nada. Seguía los movimientos. Contiene emoción.
Cada vez que había entrado en su mente antes de hoy, el cambio había sido visible. Donde antes solo había fragmentos dispersos flotando sin orden, ahora había estructura: frágil, incompleta, pero formándose.
—¿Lista? —oí la voz de Kieran a mi derecha.
Me volví y vi que su mirada ya estaba fija en mí.
No había vuelto a mencionar la línea real desde aquella noche. Ni una palabra, ni una insinuación… pero no había desaparecido. Podía sentirlo en él. En la forma en que su atención se agudizaba cada vez que me acercaba a un límite. En cómo su presencia se mantenía una fracción más cerca que antes, como si se estuviera preparando para algo. En el número de veces que había sugerido en voz baja que podríamos «encontrar otra manera» si yo no estaba segura.
—Lo estoy —respondí.
Su mano rozó la mía: un contacto tranquilo y reconfortante.
—No sobrepases tu límite —murmuró.
—Suenas como Alois.
—Lo digo en serio.
—Yo también.
Entrelacé nuestros dedos. —Puedo hacerlo, Kieran.
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