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Capítulo 1424:
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Me observó un momento más, como si estuviera memorizando mi rostro. Luego, su mano se deslizó hasta mi mejilla, rozando mi mandíbula.
«Más te vale», dijo en voz baja.
Sonreí. «Lo haré».
Y entonces lo besé de nuevo.
Esta vez, él no se contuvo.
La tensión que se había ido acumulando en él se desató de golpe, sus manos se tensaron mientras me atraía contra él, el calor de su cuerpo me arraigaba de una forma que nada más podía hacerlo. La manta se deslizó de mis hombros y cayó al suelo en algún lugar detrás de mí, olvidada.
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Su tacto era firme. Deliberado. Como si se estuviera recordando a sí mismo que yo estaba allí, que era real, que aún estaba a su alcance.
Lo sentí en cada movimiento. En cada respiración. En cada pausa en la que su frente descansaba contra la mía antes de volver a acortar la distancia.
—Kieran —susurré suavemente.
Su respuesta no fueron palabras. Fue la forma en que su mano se apretó contra mi espalda, la forma en que sus labios volvieron a encontrar los míos —más lentamente esta vez, y más profundamente.
El mundo fuera de la habitación se desvaneció. Todo se redujo a esto. A él. Al ritmo constante de sus latidos bajo mi palma, al calor de su piel, a la forma silenciosa en que su control se deslizaba poco a poco hasta que no quedó nada entre nosotros salvo la honestidad.
—Siempre haces esto —murmuró en algún momento, con la voz baja contra mi piel.
«¿Hacer qué?»
«Hacer que sea imposible seguir enfadada contigo». Ya no quedaba frustración en su voz.
Sonreí contra él. «Eso suena a un problema tuyo».
Un suave soplo de aire —casi una risa.
Y cuando me besó de nuevo, ya no se trataba de una distracción. No se trataba de aliviar la tensión. Se trataba de conexión. De aferrarse a algo real antes de que todo volviera a cambiar.
El tiempo se difuminó después de eso.
La quietud de la habitación nos envolvió, la noche se alargaba mientras nos movíamos juntos sin prisa —solo presencia, solo cercanía, solo el entendimiento tácito de que ninguno de los dos necesitaba decirlo en voz alta.
Que mañana, las cosas volverían a cambiar. Que nos esperaban batallas, riesgos que no podríamos evitar.
Pero por ahora, en este momento, no teníamos que pensar en nada de eso.
PUNTO DE VISTA DE SERAPHINA
La mañana llegó demasiado rápido.
Durante un rato, permanecí inmóvil, saboreando ese frágil espacio entre el sueño y la conciencia —donde todo se sentía tranquilo y contenido, y nada me había exigido aún nada—.
El brazo de Kieran me rodeaba, pesado y cálido, su respiración lenta y constante contra mi espalda.
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