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Capítulo 1031:
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«Gracias. Yo…».
En un instante, algo cambió.
Sentí como si una costura se rompiera dentro de mi pecho, como si se abriera un camino oculto donde antes había una pared.
Un suave jadeo se me escapó mientras mis dedos se aferraban a las sábanas y mi visión se nublaba.
Ethan se tensó al instante. «¿Sera?».
Antes de que pudiera responder, sus ojos se volvieron borrosos y apretó la mandíbula cuando otra presencia se agitó, más antigua, más pesada, entretejida con instinto y poder. No era abrumadora ni intrusiva, simplemente estaba ahí, como un latido que se sincronizaba silenciosamente con el mío.
Ah, una voz retumbó, divertida y curiosa a la vez. Ahí estás.
Contuve el aliento. ¿Qué…?
Hola, hermana. Me alegro de conocerte por fin.
Antes de que pudiera reaccionar, Alina respondió, con suavidad y solo un poco de vacilación. Igualmente, hermano.
Ethan exhaló, volviendo a centrar su mirada en mí. Y entonces su voz resonó en mi mente. No iba a sacarlo a colación porque no quería estresarte en tu recuperación, pero ¿cómo podías ocultarme que tu lobo había despertado?
Parpadeé. «¿Qué… qué está pasando?».
Ethan dijo en voz alta: «Oficialmente, vuelves a ser una Lockwood. El vínculo familiar se ha restablecido».
Mi corazón latía con fuerza, no por miedo, sino por la desorientadora intimidad de la situación. «¿Eso fue…?»
«Logan», confirmó Ethan. «Mi lobo».
Maya se enderezó al instante. «Espera, ¿qué?».
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Ethan la miró con aire avergonzado. «Era inevitable».
—Esa no es la cuestión —espetó Maya, apartándose de la pared donde había permanecido en silencio mientras yo firmaba los documentos—. Yo fui la primera en enterarme de lo de Alina y no he podido hablar con ella, y Logan simplemente… ¿qué? ¿Se ha colado aquí?
Apreté los dedos contra la colcha, dividida entre la disculpa y la incredulidad. —No sabía que eso iba a pasar.
Ethan se pasó la mano por el pelo. «El vínculo familiar sigue al instinto antes que a la intención».
Maya se burló y cruzó los brazos. —Fantástico. Me encanta por vosotros dos.
Ethan sonrió y se deslizó a su lado, rodeándole la cintura con un brazo. —Bueno. Hay una solución.
Maya entrecerró los ojos. «¿Cuál?».
«Podrías casarte conmigo», dijo él. «Ser una Lockwood oficial y unirte al vínculo familiar. También sentirías la mente de Sera».
Se produjo un pesado silencio. En ese momento suspendido, sentí cómo el conflicto se arraigaba en ella: libertad frente a conexión, autonomía frente a intimidad.
Maya era un espíritu libre. Amaba a Ethan, pero dudaba que estuviera lista para sentar cabeza y asumir el manto de Luna todavía.
«Es tentador», admitió Maya tras una pausa. «Muy tentador».
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