📚 Tu biblioteca del romance 💕
✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
📖 ¡Nuevas novelas cada semana!
🌟 Únete a Nuestra Comunidad💡 Tip: Toca el menú de tu navegador → "Añadir a pantalla de inicio" ¡y accede como si fuera una app!
Capítulo 1017:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«Se llama Tallulah», respondió. «Te trató cuando eras niño y lo recuerda todo».
Mi corazón dio un vuelco. «¿Todo?».
Maya exhaló. «Eso está muy bien, pero Sera no está en condiciones de recibir más revelaciones devastadoras».
La voz de Ethan se tensó. «¿Qué ha pasado?».
Maya me miró y yo asentí con la cabeza.
Suspiró. «Acaba de rechazar su vínculo de pareja con Kieran».
«Ella…».
Prácticamente podía oír la miríada de preguntas que clamaban por una respuesta en la mente de Ethan.
Pero, hay que reconocerlo, mi hermano las dejó a un lado y dijo: «Tiene que venir a Lockwood Manor», con un tono de urgencia que contrastaba con su habitual control.
«Necesita descansar…».
«Tallulah sabrá exactamente lo que necesita. Es el momento perfecto».
Maya arqueó una ceja y, como si pudiera verla, él se retractó. «Vale, ha sido una forma desafortunada de expresarlo, pero ya sabes a qué me refiero».
El mundo se inclinó una vez más, pero ahora el dolor se mezclaba con algo más: un destello de reconocimiento, una atracción hacia algo a la vez reconfortante y aterrador.
Asentí débilmente, aunque Ethan no podía verlo.
«De acuerdo», susurré.
Maya me estudió durante un largo segundo y luego se lo transmitió. «Iremos».
«Lo prepararé todo», dijo Ethan. «Y Sera… lo siento».
La llamada terminó.
Maya guardó el teléfono y se volvió hacia mí, ya en movimiento. —De acuerdo, cariño. Lockwood Manor será.
Últimos capítulos traducidos, por novelas4fan.com.
El dolor iba y venía en oleadas mientras viajábamos, mi conciencia entraba y salía, el calor recorría mis venas. Cuando llegamos, la mansión me resultó familiar y extraña a la vez.
Ethan ya estaba esperando en las escaleras.
No dudó cuando me vio. Sin preguntas. Sin sorpresa. Solo acción. Estaba a mi lado en cuanto se abrió la puerta del coche, con un brazo deslizándose bajo mis hombros y el otro sujetándome el codo, ya que mis piernas amenazaban con traicionarme de nuevo.
«Tranquila», murmuró, con voz tensa por el esfuerzo. «Te tengo».
La familiaridad de su presencia desató algo en mí, un cansancio repentino y profundo que hizo inevitable apoyarme en él.
«Lo siento», susurré, «por no decírtelo».
«No», dijo. «Ahora no».
El mundo se tambaleó y se volvió borroso mientras nos movíamos, y de repente me acostaron en la cama de mi infancia, con el colchón hundiéndose bajo mi peso de una forma que era a la vez relajante y surrealista.
Me derretí en la familiar suavidad, retorciendo los dedos entre las sábanas, buscando algo que me mantuviera firme.
.
.
.