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Capítulo 977:
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Su tono firme apenas pareció afectarle, pero la última frase le tocó la fibra sensible. Una oleada de furia inexplicable le atravesó los ojos y apretó con fuerza la muñeca de ella.
La presionó con fuerza contra la pared, con la mirada ardiendo de acusación. —Por mucho que lo tergiverses, no puedes eludir tu responsabilidad —gruñó—. Voy a denunciarte a la policía. Quiero que pagues por lo que le hiciste a mi hija. Todo el mundo tiene que afrontar las consecuencias de sus actos.
La compostura de Carrie se resquebrajó. Sus palabras la atravesaron, reabriendo viejas heridas que había luchado por curar.
—¿Todos tienen que afrontar las consecuencias de sus actos? —repitió ella con voz temblorosa. Echó la cabeza hacia atrás, con los ojos enrojecidos, y repitió sus palabras con tono interrogativo.
Lise había matado a su hija; había pruebas, innegables y claras. Sin embargo, Kristopher le había suplicado que dejara marchar a Lise, rogándole hasta que el precio fue su matrimonio.
Había hecho todo lo posible por proteger a Lise, la mujer a la que amaba. Pero ahora, sin una pizca de prueba, exigía que se castigara a Carrie. Algunas cosas podían excusarse por la amnesia, pero esa hipocresía descarada no tenía nada que ver con la pérdida de memoria.
Se suponía que ella debía pagar por el hijo de Aliza, pero ¿qué pasaba con el suyo? Su hijo estaba completamente formado cuando murió, una vida diminuta y vulnerable atrapada en el fuego cruzado. ¿Cuánto dolor había soportado cuando la bala le atravesó el cuerpo? Ni siquiera había tenido la oportunidad de gritar, de luchar, de esconderse.
La expresión de Kristopher seguía siendo dura. —¡Por supuesto!
Carrie se rió con amargura, con un sonido agudo y hueco. —¡Pues ve y haz que Lise se haga responsable ahora mismo!
Una sombra de confusión cruzó su rostro. —¿Qué tiene que ver esto con Lise?
Oír la forma familiar, casi tierna, en que pronunciaba el nombre de Lise le retorció algo en lo más profundo. Sintió como si le estuvieran exprimiendo el corazón. —Kristopher, me das asco —susurró, con la voz cargada de agotamiento y desprecio.
Él entrecerró los ojos y cambió el agarre, cerrando los dedos alrededor de su cuello. —No me provoques, Carrie. No creas que no voy a pegar a una mujer.
—¡¿Qué estás haciendo?! —La voz aguda rompió la tensión y ambos se volvieron. Daxton estaba al final del pasillo, con el rostro oscuro y tormentoso.
Dejó el té con leche que llevaba en el suelo. En cuestión de segundos, se interpuso entre ellos, con su cuerpo a modo de escudo. Empujó a Kristopher hacia atrás, con una postura protectora e inflexible.
Kristopher no tenía intención de hacerle daño a Carrie. La emoción cruda de sus ojos lo había desconcertado más de lo que podía admitir.
El empujón enérgico de Daxton lo sacó de su ira y, a regañadientes, la soltó y dio unos pasos atrás.
En cuanto Kristopher la soltó, Carrie se colocó rápidamente detrás de Daxton, con el corazón latiéndole con fuerza.
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