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Capítulo 787:
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Por un breve instante, imaginó un colgante descansando sobre su escote, acentuando la elegancia de su clavícula.
Entonces, de la nada, imágenes fragmentadas pasaron por su mente: un baño, Carrie y… ella estaba desnuda.
Un dolor repentino y punzante atravesó su cráneo, como una cuchilla que cortaba sus pensamientos. Hizo una mueca de dolor y se presionó los dedos contra las sienes.
—Kristopher, ¿estás bien? La voz preocupada de Aliza se abrió paso a través de la neblina.
Carrie se volvió hacia el sonido, sus ojos se posaron en él brevemente. Al momento siguiente, Kristopher se recompuso. Agitó una mano con desdén.
—No es nada.
—Todavía no te has tomado la medicación de la tarde. Vamos a sentarte. Aliza le entregó el joyero a Torrie.
—Torrie, ¿podrías dárselo a la Sra. Campbell más tarde?
Luego se llevó a Kristopher, interpretando a la perfección el papel de pareja devota.
Carrie desvió la mirada con indiferencia, sin mostrar ninguna reacción, antes de entrar con Luca.
Torrie le tendió el joyero de Aliza a Carrie.
«Señora Campbell, este es un regalo de Aliza y su prometido».
Antes de que Carrie pudiera responder, Torrie le puso suavemente la caja en la mano. Carrie echó un vistazo al colgante que había dentro, y su sonrisa se desvaneció al resurgir recuerdos que había enterrado hacía mucho tiempo.
Antes de su divorcio, una noche después de hacer el amor, descansaron juntos en el sofá. Ella contempló el piano que él le había regalado, cuya superficie pulida brillaba bajo la fría luz de la luna.
Acurrucada en los brazos de Kristopher, lo señaló y murmuró:
«Es tan bonito, casi como si estuviera hecho de diamantes. Si pudiera tener un pequeño piano de diamantes para llevarlo alrededor del cuello, creo que añadiría un poco más de brillo a mis actuaciones».
Nunca imaginó que Kristopher se tomaría en serio sus palabras y le compraría un colgante de piano de diamantes.
¿Cuándo había empezado a aferrarse a cada comentario que ella hacía?
Un leve cosquilleo en su pecho se ahogó rápidamente en una avalancha de preguntas sin respuesta.
¿No había perdido Kristopher la memoria? ¿No la había borrado de su vida? Entonces, ¿por qué este regalo?
¿Había recuperado sus recuerdos? ¿O había alguna razón más profunda por la que no podía admitir conocerla, dejando este regalo como un mensaje silencioso?
Sus dedos se apretaron alrededor de la caja mientras levantaba la vista hacia Kristopher, justo a tiempo para verle metiendo suavemente un mechón de pelo suelto de Aliza detrás de su oreja.
Aliza inclinó la cabeza hacia él, sonriendo dulcemente.
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