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Capítulo 772:
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El atrevido diseño revelaba su espalda y cintura, su piel brillaba con un resplandor juvenil que desmentía su edad.
«Tía Jenesis, estás absolutamente impresionante», comentó Carrie con auténtica admiración.
Jenesis se volvió hacia Carrie, sus ojos se suavizaron con afecto maternal.
—Tú eres la verdadera belleza aquí, querida. Con unos dones tan naturales, debes cultivarlos mientras eres joven. ¿Por qué no te unes a mí para el tratamiento?
—Quizás en otro momento —murmuró Carrie, hundiéndose más en el agua relajante, con la voz cargada de satisfacción.
Antes, la lluvia la había sorprendido en la entrada, enfriándola hasta los huesos. Ahora que el calor había penetrado por fin en sus músculos, se resistía a abandonar la comodidad del manantial.
—Soñadora —la reprendió Jenesis con cariño.
Después de caminar unos pasos, se detuvo.
—Marina se unirá a nosotras más tarde.
—Está bien —respondió Carrie distraídamente, apoyando la cabeza en el borde de la piscina y cerrando los ojos.
Sumergida en el agua tibia, sus pensamientos inevitablemente se desviaron hacia el estado de Kristopher.
La repentina pérdida de memoria la dejó tambaleándose, como atrapada en un sueño surrealista.
Se preguntaba por su bienestar, si había aflorado algún recuerdo en estos últimos días.
Las garantías de Reece sobre el estado de Kristopher le ofrecían cierto consuelo: su primo no la engañaría. Seguro que esta amnesia era temporal.
El vapor se elevaba a su alrededor en delicadas volutas. Perdida en la contemplación, el calor y la humedad la adormecieron, embotando su conciencia de lo que la rodeaba.
La repentina apertura de la puerta la hizo abrir los ojos de golpe.
Allí estaba Kristopher, con una expresión indescifrable.
Su camisa blanca colgaba ligeramente abierta por el cuello, dejando al descubierto unas clavículas pronunciadas que indicaban una reciente pérdida de peso.
Sobresaltada y completamente despierta, Carrie se movió instintivamente para cubrirse antes de darse cuenta de la inutilidad del gesto.
Su conservador traje de baño, con su escote alto, solo dejaba al descubierto sus brazos y piernas.
Un destello de repulsión cruzó los rasgos de Kristopher, como si su modesta reacción lo ofendiera.
Los dedos de Carrie se pusieron rígidos antes de bajar las manos torpemente.
Kristopher se quedó quieto, observándola en silencio.
La tenue iluminación proyectaba sombras sobre sus rasgos afilados, mientras el aire húmedo se adhería a su piel, intensificando la tensión entre ellos.
Sus mejillas presentaban un ligero rubor, no solo por el calor, sino por la incómoda impotencia que destellaba en su fría mirada. Kristopher sintió que algo desconocido se agitaba dentro de él. Una repentina y cruda necesidad de reclamarla.
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