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Capítulo 737:
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«Arion está ahí mismo».
La atención de Torrie se desplazó hacia Arion. Su expresión se volvió más pensativa mientras preguntaba, fingiendo indiferencia: «Creí ver a tu hermano antes. ¿No ha venido contigo?».
Arion miró hacia el salón privado, con un aspecto un poco incómodo.
—Reece está dentro. ¿Quieres… ir a saludarlo?
Los labios de Torrie se curvaron en una sonrisa autocrítica.
—No. Conozco mi lugar. Probablemente no querría verme.
Marina, que había estado observando de cerca la interacción desde su asiento en el interior, pareció relajarse visiblemente cuando escuchó la respuesta de Torrie.
Volviendo su atención a Reece, que seguía sentado en el sofá con su tableta en la mano, Marina se acercó con cuidado.
«Reece», preguntó suavemente, sujetando un bloc de notas, «¿quieres algo de comer?».
Reece, todavía concentrado en su pantalla, respondió con calma: «Ve a preguntarle a Marina».
Marina, sosteniendo el bloc de notas, se dirigió a regañadientes al balcón. Deliberadamente dio la espalda al salón privado adyacente, evitando la línea de visión de Torrie.
«Carrie, Arion, ¿qué queréis comer?», preguntó Marina con una sonrisa forzada.
Antes de que Carrie pudiera responder, Dariel intervino con una risa traviesa: «Comer es aburrido. Apostemos en su lugar».
Carrie le dirigió una mirada perdida, sin decir nada. Percibiendo su desinterés, Dariel añadió un toque de provocación a su tono.
«¿Qué te pasa, Carrie? ¿Demasiado miedo para arriesgarte?».
Carrie respondió sin cambiar de expresión: «Tus tácticas no funcionarán conmigo. No me gusta apostar. Solo estoy aquí para relajarme».
Arion, sin embargo, levantó inesperadamente una ceja y sonrió burlonamente.
—Muy bien, entonces, apostemos.
Los ojos de Dariel brillaron de emoción. Se inclinó ligeramente hacia delante, con una sonrisa de suficiencia.
—Arion, tu primo claramente no sabe nada de carreras. ¿Y tú? —Señaló la pista.
—¿Estás seguro de que quieres apostar por ese coche amarillo?
Si Arion eligiera otro coche, demostraría que Carrie no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Peor aún, podría empañar la reputación de la familia Morrison, haciendo que pareciera que estaban tratando de escabullirse de una mala elección.
Lo más importante era que las apuestas tenían un elemento de suerte. Nadie podía garantizar una victoria. Si Arion eligiera otro coche y aún así perdiera, sería un golpe para la reputación de la familia Morrison.
Pero seguir con el coche amarillo casi garantizaría una derrota.
El coche estaba claramente conducido por un aficionado, y sus modificaciones eran, en el mejor de los casos, de baja calidad.
Muchos entusiastas venían a este club a jugar.
No todos eran corredores profesionales.
El coche no era un serio contendiente, solo el coche de aficionado de alguien que casualmente estaba en la pista.
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