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Capítulo 711:
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Él había sentido lástima por ella. Luego, había confiado en ella. Y en esa confianza equivocada, había cometido el error más grave de su vida.
Ese error le había costado muy caro: su esposa, su hijo y la oportunidad de un futuro que podría haber sido.
El peso de su arrepentimiento lo consumía. El dolor le atravesaba el pecho, crudo e implacable, hasta que se volvió insoportable.
Si tan solo pudiera deshacer sus errores.
Con una oleada de ira, Kristopher agarró el mando a distancia y lo lanzó al otro lado de la habitación.
El pesado dispositivo golpeó el expositor, haciéndolo caer hacia delante. Un jarrón antiguo, valorado en millones, se hizo añicos en el suelo en una explosión de fragmentos de porcelana.
Kristopher miró los restos, sin sentir nada. Para él, no eran más que un montón de basura sin sentido.
Desde la distancia, las criadas observaban con ansiedad, demasiado asustadas para dar un paso adelante. Albin oyó el estruendo por teléfono. Un escalofrío le recorrió la espalda, la rabia de Kristopher era palpable incluso a través de la llamada.
Para intentar aliviar la tensión, Albin añadió con cautela: «Kristopher, tengo buenas noticias. He conseguido localizar al verdadero destinatario del corazón de Lisa. Se llama Omar Evans. Es un hombre joven».
Kristopher, que ya lo sabía por su visita al hospital, respondió distraídamente: «Lo sé».
Albin, intuyendo la falta de reacción de Kristopher, hojeó las notas de su teléfono y siguió adelante. «Hay más. Nunca lo adivinarás: Omar es pariente de la mujer de Bernie. Es su sobrino».
Kristopher entrecerró los ojos, las piezas encajaban.
Las imágenes pasaron por su mente: El rostro de Aliza, seguido del del joven delgado. El parecido era sutil pero innegable: la misma forma de sus bocas, el mismo perfil de sus narices.
Omar era primo de Aliza.
Kristopher permaneció en silencio, sus pensamientos calculadores. Albin vaciló, revisando su teléfono para asegurarse de que la llamada no se había cortado. «Kristopher, ¿me has oído? ¿Qué quieres hacer ahora con Lise?».
La voz de Kristopher, cuando habló, fue fría e insensible. «Recoge todas las pruebas y envíaselas a la policía. Diles que se ocupen del caso a fondo». Enfatizó la última palabra, con un tono agudo y definitivo. No había rastro de los años que había pasado protegiendo a Lise, ni indicio del afecto fuera de lugar que lo había cegado. Para Kristopher, ahora era una extraña, alguien que le había quitado todo y no merecía piedad.
La noticia dejó a Carrie inquieta. El interés por ver una película se evaporó cuando sus pensamientos se centraron en una cosa: encontrar una manera de acelerar el camino de Lise hacia la justicia. Con la familia Morrison fuera por la noche y Camille de vuelta en Orkset, Carrie se encontró sola e insegura de su próximo movimiento.
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