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Capítulo 701:
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Los labios de Carrie se apretaron en una delgada línea mientras volvía a mirar a los estudiantes. Después de un momento de reflexión, asintió con la cabeza a regañadientes y se volvió hacia la sala privada, aceptando en silencio la sugerencia de Kristopher de compartir mesa.
El camarero, que había estado observando la situación con una mezcla de curiosidad e inquietud, se hizo a un lado e hizo un gesto de invitación, dejándolos pasar.
Daxton ignoró por completo a Kristopher y se adelantó para sacar una silla para Carrie con un sutil ademán. Luego se sentó junto a ella sin dudarlo, con movimientos tranquilos y seguros.
Kyson, siempre sereno, asintió educadamente a Kristopher. «Señor Norris, por favor», dijo, señalando los asientos restantes.
Marina, sentada al otro lado de Carrie, dejó deliberadamente una silla libre junto a ella. Saludó a su hermano con una sonrisa brillante. «Kyson, siéntate a mi lado».
Pero Kristopher no vaciló. Se acercó y ocupó el asiento que ella había reservado para Kyson.
Marina apretó la mandíbula y alzó la voz. «¡Ese es el asiento de mi hermano!».
Kristopher ni siquiera la miró. «Hay otro asiento justo al lado de ti, ¿verdad?», respondió con frialdad.
«¡Tú…!». El rostro de Marina se sonrojó de ira, su comportamiento cuidadosamente compuesto se resquebrajó. Se quedó sin palabras.
Nadie en su círculo social se comportaba así. Incluso los playboys más arrogantes se comportaban con una apariencia de cortesía.
Entrecerró los ojos mientras estudiaba a Kristopher. Por muy exitoso que fuera su negocio, ¡le faltaba clase! El dinero no compra la elegancia. Eso es algo que solo poseen familias como la suya.
Kyson, sin embargo, suavizó la situación con su habitual calma. Tomó asiento al otro lado de Marina, y le dirigió una sonrisa tranquilizadora. —No importa dónde nos sentemos —dijo con suavidad—. Al fin y al cabo, todos compartimos mesa.
Marina, todavía furiosa, enderezó la postura y asintió con la cabeza. En su interior, esperaba que Carrie notara la diferencia en la forma en que los dos hombres se comportaban. Seguro que vería quién era la mejor pareja.
Carrie, mientras tanto, se sentía cada vez más incómoda. Miró a Kristopher, que estaba sentado a su lado bebiendo su té como si no hubiera creado una tensión innecesaria. Por un breve momento, consideró pedirle a Daxton que cambiara de asiento con ella. Pero rápidamente descartó la idea: Kristopher sin duda la seguiría, y todo se convertiría en un juego infantil.
Pero, ¿no era ya toda esta situación infantil?
La frustración de Carrie hervía bajo la superficie. ¿Por qué no podía Kristopher simplemente dejarlo pasar? Los papeles del divorcio ya estaban firmados. Sin embargo, ahí estaba él, actuando como si se tratara de una pelea de enamorados en lugar del final de su relación.
Junto a ella, Kristopher parecía completamente imperturbable, levantando su taza de té con una expresión exasperantemente tranquila.
Mientras tanto, de vuelta en Orkset…
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