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Capítulo 66:
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Su suave piel se apretó contra él.
Mientras intentaba empujarlo hacia atrás, sus suaves manos rozaron contra él, provocando un fuerte aumento de su intensidad.
La respiración de Kristopher se hizo más pesada y su mano se deslizó bajo su camisa.
Su piel, antes fría, estaba febril.
¿Tenía fiebre?
Al darse cuenta de su estado, su conciencia se agitó y detuvo sus acciones a pesar de la oleada de deseo.
Frustrado y brusco, le dio una ligera palmada en el trasero. «¡Tú te lo has buscado! Tú te has puesto enferma.
¿Estás satisfecha ahora?».
Sonrojada por la vergüenza y hirviendo de ira, Carrie levantó la mano y le dio una fuerte bofetada en la cara.
El impacto fue leve, pero reverberó con un escozor que le llegó al fondo del alma.
Mientras sus rasgos se retorcían de ira, el agarre de Kristopher sobre su muñeca se volvió como un tornillo, y su expresión se oscureció de forma ominosa.
Su voz salió como un silbido venenoso entre dientes apretados. «¡Carrie!». Últimamente, Carrie le había estado dando bofetadas por cualquier cosa, desafiando su temperamento.
Durante décadas, Kristopher se había ganado el respeto y había infundido miedo en todo el panorama empresarial.
Sin embargo, ahí estaba, reducido a un mero peón en manos de Carrie.
Su muñeca enrojeció bajo la presión de su agarre, y ella respondió con un desafío feroz: «¿Y ahora qué? ¿Vas a pegarme? ¿No te basta con ignorarme como para recurrir a amenazas físicas?».
—¿Dudas de que lo haría? —gruñó Kristopher, soltando su muñeca solo para rodear su garganta con la mano, apretándola con fuerza.
Carrie, jadeando por aire, ya no podía hablar, pero su mirada era mortal, llena de desafío inquebrantable.
Su tez parecía pálida y sin vida, el enrojecimiento se aferraba obstinadamente a sus cansados ojos.
Una lágrima se escapó, quemándole la piel mientras trazaba un camino por su rostro.
Kristopher volvió bruscamente al presente, muy consciente de hasta dónde se había dejado llevar.
¿Cómo había podido, él, un hombre conocido por su imperturbable naturaleza en situaciones peligrosas, sentirse tan profundamente inquieto por las meras palabras de Carrie?
Soltándola bruscamente, se deslizó hacia arriba de la mampara del coche con un movimiento brusco y le dio a Oliver una orden enérgica, con la voz teñida de frialdad. «Ve a la villa Bayview».
Oliver, con la frente perlada de sudor por la tensión palpable, se quedó atónito por su aparente paso en falso, pero respondió rápidamente: «Sí, señor». Luego puso el vehículo en movimiento.
Carrie, jadeando por aire, logró ponerse en pie y se apoyó con fuerza en la puerta del coche, creando todo el espacio que pudo entre ella y Kristopher. Sus ojos se movían rápidamente, llenos de sospecha y precaución. Kristopher ignoró deliberadamente su presencia, centrando su atención en la ventana manchada por la lluvia. Encontró un extraño consuelo en el golpeteo rítmico contra el cristal, que parecía calmar sus nervios alterados.
Al llegar a la villa, Kristopher descubrió que Carrie había sucumbido a un sueño febril. Su frente estaba alarmantemente caliente al tacto. Estaba perdida en medio de una pesadilla, susurrando con inquietud, sus lágrimas se mezclaban con las ya secas que tenía en las mejillas.
Con una expresión sombría, Kristopher la alzó en sus brazos sin una pizca de delicadeza. Sus movimientos eran bruscos, reflejando su confusión interior. Carrie, incómoda y desorientada en su abrazo, se movió ligeramente. Este pequeño movimiento reavivó una chispa de deseo que él creía haber controlado, apretando su agarre sobre ella como si temiera que pudiera escapar.
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