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Capítulo 630:
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«Piensa en lo que sea que te ayude a dormir por la noche», respondió Reece con calma, aunque el tono de su voz delataba su irritación. Dando media vuelta, se dispuso a irse, decidido a poner fin al intercambio antes de que se convirtiera en un veneno inútil.
Kristopher dio un paso adelante y le bloqueó el paso. —Ella siempre será mi esposa —dijo con frialdad—. Nos reconciliaremos tarde o temprano. Ella me pertenece.
La contención de Reece se hizo añicos en un instante. Su puño golpeó la mandíbula de Kristopher con un estruendo resonante, su voz un gruñido de furia. «¡Idiota! ¿A quién engañas con este acto de devoción? La llamas tu esposa, qué broma. ¿Alguna vez te ocupaste de ella? Le costaste su familia, sus sueños, su oportunidad de tener hijos. ¿Y ahora te atreves a sermonearme?».
Kristopher retrocedió tambaleándose por el impacto.
Se recuperó tras un par de pasos temblorosos, con la mano rozando la mandíbula donde Reece le había golpeado. Un ardor punzante le recorrió el rostro, pero se negó a retroceder. En cambio, su mirada gélida se clavó en Reece, el dolor sepultado bajo una furia hirviente.
Reece se ajustó el abrigo, respirando con dificultad pero visiblemente tratando de recuperar el control. Se dio la vuelta, decidido a dejar atrás la confrontación. Pero Kristopher no había terminado. Con una embestida repentina, balanceó su puño hacia la cabeza de Reece.
Reece vio el movimiento por el rabillo del ojo y logró agacharse, pero Kristopher giró, propinándole una patada en el costado. El golpe lo hizo caer al frío suelo.
Kristopher dio un paso adelante, agarró a Reece por el cuello y lo puso en pie. Sin dudarlo, le dio otro puñetazo, esta vez en la mejilla.
Reece se tambaleó, pero se negó a quedarse en el suelo. Apretando los dientes, agarró la ropa de Kristopher, usando el agarre como palanca mientras golpeaba con el puño en el costado de su oponente.
El golpe fue contundente, lo que provocó un gruñido de Kristopher, quien contraatacó con igual ferocidad. En poco tiempo, se enzarzaron en una pelea.
El pasillo resonó con el caos cuando la pelea de Kristopher y Reece derribó un jarrón decorativo, que se estrelló contra el suelo. La conmoción provocó jadeos de sorpresa por parte del personal y de los curiosos que salían de las habitaciones privadas.
Cuando se abrió la puerta de la habitación de la familia Herrera, dos caras atónitas se encontraron con dos distinguidos y normalmente serenos directores generales que rodaban por el suelo como colegiales revoltosos. Sus puños volaban con una intensidad brutal, ninguno dispuesto a ceder. Bernie se quedó en la puerta, con la boca abierta, sin saber si intervenir.
La pura ferocidad de sus puñetazos le hizo reflexionar. No era una simple discusión; era algo personal, pensó, dando un paso atrás. A su edad, interponerse entre ellos era como invitar a un viaje al hospital.
Fue Aliza quien rompió la parálisis. Se volvió hacia el personal que estaba cerca, con voz aguda y urgente. «¿Qué hacéis ahí parados? ¡Detenedlos antes de que alguien resulte gravemente herido!».
Carrie apareció justo en ese momento, entrando en el pasillo con pasos rápidos. La visión de la pelea la paralizó, y se quedó sin aliento. «¿Qué está pasando aquí? ¡Kristopher, para! ¡Si le haces daño, nunca te lo perdonaré!», gritó.
Las palabras cayeron como un trueno. Kristopher se quedó paralizado, con el puño levantado a medio golpear, y alzando la mirada para encontrarse con la de Carrie.
Por un momento, la tensión entre los dos hombres quedó suspendida en el aire como un cable tenso. Reece, maltrecho pero oportunista, aprovechó la vacilación del momento para asestar un último puñetazo en la mandíbula de Kristopher.
Kristopher retrocedió tambaleándose, agarrándose la cara mientras Reece se ponía de pie, limpiándose la sangre del labio.
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Nota de Tac-K: Linda mañana para todas ustedes lindas personitas. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (=◡=) /
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