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Capítulo 597:
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Su voz se quebró y su pecho se elevó y descendió en respiraciones forzadas. Carrie se inclinó inmediatamente, sosteniendo su frágil cuerpo y murmurando palabras de consuelo.
Las lágrimas que había contenido se derramaron libremente, con rastros calientes que recorrían sus mejillas. Goteaban sobre las delgadas manos de Gracie, empapando la sábana de debajo.
El silencio entre ellas se hizo pesado, y la pena que llenaba la habitación parecía casi tangible.
El pecho de Carrie se agitó mientras los sollozos sacudían su cuerpo. Agarró con fuerza la frágil mano de su abuela, y su voz tembló de desesperación. «Abuela, por favor, no hables así», suplicó, con las palabras cargadas de emoción. «Te sentirás mejor después de descansar un poco. Todavía te necesito, quiero que estés aquí para ayudarme a criar a mis hijos algún día».
Los labios de Gracie se curvaron en una leve y cansada sonrisa. Con esfuerzo, colocó su otra mano suavemente sobre la de Carrie, su toque apenas más que un susurro. «Cariño», dijo suavemente, su voz con el peso de los años, «ya no soy una niña. Conozco mi cuerpo y sé cuándo es el momento».
Hizo una pausa, con la mirada distante, como si intentara recordar algo. —Para ser sincera —continuó, con voz más débil pero firme—, pensé que no llegaría tan lejos. Estos años de más se los debo a Kristopher y a tu suegra. Su cuidado me dio más tiempo del que nunca pensé que tendría.
El rostro de Gracie se puso serio, su frágil mano aún descansaba sobre la de Carrie. «Debería sentirme en paz a estas alturas, pero no puedo evitar preocuparme por ti», dijo con la voz ligeramente temblorosa. «Has afrontado tantas cosas, incluso cuando eras solo una niña. Y ahora, me da miedo que, una vez que me haya ido, te quedes sola para afrontarlo todo».
—Abuela —lloró Carrie, con la voz quebrada mientras las lágrimas caían libremente por sus mejillas. Agarró la manta que cubría a Gracie. Sus dedos temblaban de desesperación.
La delgada mano de Gracie se movió lentamente, pero con determinación, mientras enjugaba las lágrimas de Carrie. Su tacto era suave, sus ojos tiernos pero firmes. —Está bien, mi amor —dijo en voz baja. Su voz era tranquila y reconfortante—. Ahora puedo descansar.
Una leve sonrisa cruzó el rostro de Gracie mientras miraba a Carrie. «Kristopher te quiere, y eso lo veo claramente. La familia Norris es mucho mejor de lo que tu padre fue nunca. Se preocupan por ti, de verdad. Cuando me haya ido, seguirás teniendo a alguien que te cuide».
El pecho de Carrie se sentía pesado, su mente daba vueltas con pensamientos de su hijo perdido y la visión de Kristopher y Billie de pie junto a Lise. El dolor en su corazón se hizo más agudo, casi insoportable.
Envuelve a Gracie con sus brazos y la abraza con fuerza, como si de alguna manera pudiera retenerla allí para siempre. «Nadie podrá ocupar tu lugar», susurra. Su voz está cargada de emoción. «Lo eres todo para mí. Por favor, no me dejes».
La sonrisa de Gracie se desvaneció, sus labios temblaban como si el peso de sus pensamientos le hubiera robado la calidez de su rostro. Su voz se quebró cuando murmuró: «Ojalá pudiera quedarme contigo para siempre, pero todos tenemos que crecer algún día». Su mirada se suavizó, aunque sus palabras…
«Ahora vas a ser madre, Carrie. No puedes seguir siendo una niña. Tienes que ser fuerte, por el bien de tu hijo».
El corazón de Carrie se hundió ante esas palabras, el dolor de una verdad que Gracie no conocía. Carrie ya no tenía a su hija.
El pensamiento atravesó el pecho de Carrie, dejándola incapaz de articular una sola palabra en respuesta.
En su lugar, acercó a Gracie a ella, abrazándola como si su abrazo pudiera protegerlas a ambas del dolor. Lágrimas silenciosas recorrieron el rostro de Carrie, la única respuesta que pudo dar.
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