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Capítulo 525:
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En silencio, juró hacer que Carrie sintiera el mismo dolor.
Unos días después, Daxton regresó a su finca, dándose de alta del hospital antes de lo aconsejado. Su casa estaba llena de actividad. Socios de confianza, personal doméstico y un equipo de especialistas médicos internacionales abarrotaban la amplia sala de estar, atendiendo todas sus necesidades.
Uno de sus subordinados se acercó a él, con preocupación en el rostro. «Sr. García, ¿por qué permaneció tanto tiempo en ese hospital público? ¿Y si eso retrasó su recuperación?».
Daxton lo despidió con un gesto, permitiendo que el personal lo ayudara a acomodarse en un lujoso sofá. Su voz era tranquila, casi desdeñosa. «En Orkset, es mejor mantener un perfil bajo. Una lesión menor como esta no requería un tratamiento especial. Cualquier hospital competente sería suficiente».
El equipo médico extranjero realizó sus últimos controles, confirmando que su herida estaba sanando bien. Después de administrarle un goteo de nutrientes, lo dejaron descansar.
Daxton se reclinó en el sofá, hojeando distraídamente su teléfono cuando recibió una llamada. La voz al otro lado temblaba de miedo. «Señor, la Sra. Campbell llamó antes, preguntando por los resultados. Un nuevo interno le dio accidentalmente el informe de embarazo… Ya vino y se lo llevó».
Uno de sus ayudantes se adelantó inmediatamente. «Buscaré a la Sra. Campbell y lo reemplazaré por un informe falso».
La expresión de Daxton no cambió. Pero entonces, una leve sonrisa curvó sus labios, fría e ilegible. Levantó una mano, deteniendo al asistente.
Su voz era suave pero firme. —No es necesario. Déjalo. Quizás esto sea el destino —murmuró—. Su hijo… No veo razón por la que no pueda considerarlo mío.
El pasillo del hospital retumbaba con el leve zumbido de pasos y conversaciones, pero para Carrie todo parecía distante. Salió al aire libre, con el aire fresco rozándole el rostro mientras sostenía el informe del embarazo cerca de su pecho. Su corazón rebosaba de una alegría silenciosa pero indescriptible. En la ecografía, el bebé no era más que un pequeño brote, una tenue y casi imperceptible chispa de vida. Pero esa chispa le haría crecer brazos, piernas y un corazón que latía. El pensamiento le envió una ola de calidez que la recorrió, llenándola de esperanza y anticipación.
Sacó su teléfono y rápidamente llamó a Kristopher. Su sonrisa era amplia mientras se acercaba el teléfono a su oído. «Kristopher…»
«¿Sí?». Su voz llegó al instante, cálida y tranquilizadora como siempre, aunque teñida por el sonido de un movimiento apresurado.
Carrie no notó la urgencia en su tono, demasiado atrapada en su emoción. Miró el informe que tenía en sus manos y bromeó ligeramente: «¿Qué prefieres, niño o niña?».
Al otro lado de la línea, Kristopher miró su reloj y aceleró el paso. Supuso que la pregunta era fruto de la curiosidad de algún familiar y respondió con amabilidad: «Cualquiera está bien. Ahora mismo te va bien en tu carrera. No te estreses por cosas como esta. Deja que la naturaleza siga su curso».
Carrie, ya de por sí sensible, se sentía aún más vulnerable ahora que estaba embarazada. Su sonrisa se desvaneció. Sus palabras, pronunciadas con tanta naturalidad, la golpearon como una repentina ráfaga de viento. Apretó con más fuerza el teléfono mientras se quedaba quieta, y el brillo de sus ojos se apagó.
¿Dejar que la naturaleza siga su curso? Entonces, ¿no estaba emocionado por el bebé?
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, otra voz se dejó oír débilmente a través del auricular: una voz de mujer, inconfundiblemente familiar. «Kristopher, el jet privado está listo. Deberíamos embarcar ahora».
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